Muere Lucía Sisic, Miss Austria 2024, a los 22 años

La muerte de Lucía Sisic ha dejado un silencio abrupto en Austria. La joven, que mantenía el título de Miss Austria desde 2024, falleció a los 22 años después de una vida marcada por una enfermedad cardíaca congénita y por una resistencia que nunca ocultó.
La noticia fue comunicada por Mission Austria, la organización vinculada a los certámenes de Miss y Mister Austria. El mensaje de despedida recordó su cercanía, su calidez y el impacto que dejó entre las personas que compartieron con ella los últimos años.
Sisic había obtenido primero el reconocimiento de Miss Vienna en 2024 y después alcanzó la corona nacional. No se celebró una nueva edición del certamen en 2025 ni en 2026, por lo que continuó siendo la titular de Miss Austria hasta su fallecimiento.
La causa de la muerte no ha sido comunicada. Ese vacío obliga a separar con claridad el duelo por su fallecimiento de su historial médico: se conoce que padecía un defecto en una válvula cardíaca, pero no existe confirmación de que esa condición explique su muerte.
Su relación con los hospitales comenzó muy pronto. Había nacido con una alteración cardíaca que afectaba al funcionamiento de una válvula y que hizo necesarias intervenciones desde los primeros años de vida, en un recorrido médico que condicionó su infancia y adolescencia.
A lo largo de su vida pasó por siete operaciones o procedimientos en el corazón. La última intervención se realizó durante el invierno de 2025 y ella expresó entonces alivio por haberla superado, con la esperanza de poder dejar atrás el quirófano durante varios años.
La séptima operación no borró el peso de todo lo anterior. De niña tuvo que afrontar limitaciones que otros menores no veían, y con el tiempo habló de esa experiencia sin convertirla en una exhibición de dolor ni esconder las cicatrices que dejó su camino.
Tras ganar el certamen nacional, visitó un servicio de cardiología pediátrica en Viena. Ya no acudía como paciente, sino con la banda de Miss, aunque el gesto conservaba una carga íntima: regresaba a un entorno ligado a los momentos más difíciles de su propia historia.
En sus mensajes de agradecimiento recordó a los especialistas que la atendieron y explicó que su trabajo le había permitido superar etapas muy complicadas. Esa gratitud formaba parte de una imagen pública menos superficial que la asociada a una corona y a las fotografías de un concurso.
También quiso que su experiencia sirviera para acompañar a otros jóvenes con problemas cardíacos. Su presencia en actos y redes sociales mostró una voluntad de transformar una enfermedad persistente en una conversación sobre supervivencia, atención médica y futuro.
En las semanas anteriores a su muerte compartió escenas cotidianas y de viajes, una normalidad que ahora vuelve con un peso distinto. Para quienes seguían su historia, la noticia rompió de golpe la idea de que aquella última operación había cerrado definitivamente el periodo más duro.
Las reacciones de amistades y personas cercanas describen a una joven luminosa, amable y muy querida. El luto no se concentra solo en una figura de los certámenes de belleza, sino en una vida que había aprendido a convivir con la fragilidad desde el nacimiento.
Su caso también devuelve a primer plano la realidad de quienes crecen con cardiopatías congénitas. Detrás de cada intervención hay controles, incertidumbre y familias que organizan su vida alrededor de un diagnóstico que puede acompañar a una persona durante décadas.
Lucía Sisic murió con 22 años y todavía no se ha difundido una explicación oficial sobre las circunstancias de su fallecimiento. Queda la despedida de quienes la conocieron, el recuerdo de una joven que siguió adelante tras siete operaciones y una ausencia que llegó demasiado pronto.






