Mueren dos mujeres tras caer un coche al mar en el puerto de Algeciras camino de Tánger

La noche se partió en seco en el puerto de Algeciras cuando un coche que avanzaba hacia la zona de embarque terminó cayendo al mar con cuatro personas dentro. Eran alrededor de las doce y media de la madrugada del miércoles 2 de septiembre de 2026, en plena operación previa a la salida de un barco con destino a Tánger.
Dentro del vehículo viajaban dos mujeres y dos hombres. El balance fue devastador desde los primeros minutos: las dos mujeres murieron y los dos hombres lograron salir con vida, aunque ambos resultaron heridos y uno de ellos quedó en estado grave tras ser evacuado por los servicios de emergencia.
Los ocupantes ya habían pasado el control de la Policía Nacional y, una vez dentro del recinto portuario, recibieron indicaciones para situarse en la parcela donde debían esperar el momento del embarque. Ese recorrido debía terminar en una fila de espera, pero el coche siguió avanzando hasta encarar la rampa del cantil del atraque número 1 del muelle Galera.
Por causas que todavía estaban siendo investigadas durante la mañana, el turismo no se detuvo a tiempo y acabó precipitándose al agua. Una de las hipótesis manejadas en las primeras pesquisas apuntaba a un posible despiste del conductor, aunque en ese momento no constaba una explicación cerrada sobre lo ocurrido.
La escena cambió en segundos. El vehículo quedó sumergido y abrió una carrera desesperada contra el tiempo en una zona marcada por la oscuridad, el ruido del puerto y la tensión de quienes comprendieron que dentro aún había personas atrapadas. Cada maniobra de rescate se desarrolló con la presión brutal de saber que el margen era mínimo.
Los dos hombres consiguieron salir del coche y fueron atendidos en el mismo muelle antes de ser trasladados por el 061 al hospital. Uno de ellos presentaba lesiones de especial gravedad, lo que añadió un componente aún más crítico a un suceso ya golpeado por la muerte de las dos mujeres rescatadas del interior del vehículo.
En el operativo intervinieron Salvamento Marítimo, Guardia Civil, los GEAS, Policía Nacional, Policía Portuaria, bomberos y servicios sanitarios. La respuesta fue amplia y urgente porque el hundimiento se produjo en un punto sensible del puerto, justo en el área donde los vehículos se preparan para embarcar hacia el norte de África.
La caída del coche ocurrió en uno de los grandes nodos de paso del Estrecho, un lugar acostumbrado al movimiento incesante de pasajeros, colas, revisiones y salidas nocturnas. Que un trayecto tan controlado terminara con un coche en el agua convirtió el accidente en un golpe seco para la actividad ordinaria del recinto portuario.
Las primeras informaciones coincidían en varios elementos esenciales: el grupo viajaba junto, el coche había superado el control policial y el destino previsto era Tánger. También coincidían en el punto exacto de la caída, la rampa del muelle Galera, y en el hecho de que las víctimas mortales quedaron atrapadas dentro del habitáculo sumergido.
El rescate dejó además una imagen de caos contenido. Mientras parte del dispositivo se centraba en sacar a los supervivientes y estabilizarlos, otros equipos trabajaban en la extracción de las fallecidas y en la protección del entorno para asegurar la intervención. La coordinación entre cuerpos fue decisiva en una madrugada marcada por la urgencia.
A medida que avanzó la mañana, el caso quedó abierto a la investigación para aclarar cómo un vehículo que debía quedar estacionado en espera de embarque terminó siguiendo una trayectoria directa hacia el agua. Esa diferencia entre una maniobra cotidiana y un desenlace mortal es ahora el núcleo de las diligencias abiertas tras el accidente.
La crudeza del suceso no solo está en el número de víctimas, sino en el instante previo: cuatro personas iban a cruzar el Estrecho y el viaje se rompió en cuestión de metros. El puerto, pensado como punto de tránsito y salida, se convirtió de pronto en el escenario de una caída irreversible con consecuencias letales.
El hecho de que uno de los heridos permaneciera grave reforzó desde el inicio la dimensión humana de la tragedia. No se trató de un incidente cerrado en el mismo momento del rescate, sino de una secuencia con muertos, supervivientes lesionados y una investigación pendiente para determinar si hubo error humano, fallo de percepción o alguna otra causa.
Con el coche hundido, dos mujeres fallecidas y dos hombres heridos, la madrugada del 2 de septiembre quedó marcada en Algeciras por una de esas escenas que dejan un silencio pesado después del movimiento. Lo que debía ser una salida nocturna hacia Tánger terminó convertido en una tragedia cerrada sobre el borde del muelle y el agua negra del puerto.






