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Tres muertos tras el rescate de una neumática frente a Lanzarote

La madrugada dejó tres muertos en una neumática localizada al noreste de Lanzarote, a unas 77 millas de Arrecife. La embarcación navegaba en una zona de búsqueda y rescate bajo responsabilidad marroquí cuando comenzó una operación que terminó marcada por el caos y la pérdida.

La alerta había llegado la tarde anterior desde una terminal satelital, con una comunicación deficiente y en francés. Durante horas se intentó precisar la posición de la lancha, hasta que un mercante que estaba en la zona consiguió localizarla en pleno Atlántico.

La coordinación inicial correspondió a Marruecos, pero las autoridades de ese país pidieron colaboración por falta de recursos para completar el rescate. Desde Las Palmas se movilizaron las salvamares Al Nair y Acrux, dos embarcaciones destinadas a una maniobra que se anunciaba delicada.

Poco después de las cuatro y media de la madrugada comenzó la aproximación. En ese instante, varias personas cayeron al agua mientras se intentaba trasladarlas desde la neumática a las embarcaciones de salvamento, un momento de extrema vulnerabilidad en mitad de la oscuridad.

Los equipos recuperaron a todas las personas que habían caído al mar, incluidos tres cuerpos sin vida. Aún no se ha aclarado si esas víctimas murieron antes de la caída o durante el episodio vivido en la maniobra, una incógnita que pesa sobre el relato del rescate.

Uno de los supervivientes presentaba un estado crítico y requirió evacuación urgente en helicóptero hacia Gran Canaria. El traslado se solicitó cuando la Salvamar Al Nair comunicó la gravedad de su situación, mientras las embarcaciones continuaban el regreso con el resto de rescatados.

El recuento final cifró en 82 las personas auxiliadas o recuperadas en la operación: 79 supervivientes y tres fallecidos. Los grupos fueron repartidos entre las dos salvamares, que pusieron rumbo a Puerto Naos, en Arrecife, para desembarcar y activar la primera atención en tierra.

Entre los supervivientes había hombres y mujeres de origen subsahariano. Muchos llegaron con síntomas de deshidratación y algunos necesitaron derivación sanitaria después del desembarco, una consecuencia directa de una travesía que terminó con la intervención de los equipos de emergencia.

La posición comunicada situaba la neumática a unos 131 kilómetros de Lanzarote, aunque las actualizaciones del operativo la cifraron en torno a 142 kilómetros de Arrecife. La distancia explica la complejidad de una asistencia que se prolongó durante la noche y exigió embarcaciones y apoyo aéreo.

Una organización que sigue las salidas por la ruta atlántica señaló que la localización coincidía con una alerta previa sobre una neumática que habría partido de Tan Tan, en el sur de Marruecos. Según esa información, en la embarcación viajaban 82 personas, una cifra que finalmente encajó con el recuento del rescate.

El operativo comenzó como una llamada difícil de descifrar y terminó con tres cadáveres a bordo de una de las salvamares. La secuencia revela el margen estrecho en el que se desarrollan estos auxilios: una posición incierta, una lancha sobrecargada y un transbordo que puede romperse en segundos.

Las autoridades confirmaron que no quedó ninguna persona en el agua tras la caída durante el rescate. Esa recuperación evitó que el balance fuera aún más grave, pero no despeja las circunstancias en las que murieron las tres víctimas, cuya identidad no se había comunicado al cierre de la información.

La tragedia se produjo apenas dos semanas después de otro desastre en la ruta canaria, cuando un cayuco que había salido de Gambia llegó a ser localizado con decenas de muertes y desapariciones. Ambos episodios vuelven a exponer el coste humano de las travesías hacia el archipiélago.

En el muelle de Arrecife, el rescate dejó de ser una alerta en el mar para convertirse en una emergencia sanitaria y humana. Detrás del recuento final quedan tres vidas perdidas, un paciente evacuado en estado crítico y decenas de supervivientes que lograron alcanzar tierra tras una noche devastadora.

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