|

Antonio y Daniel: el vínculo entre los dos maquinistas fallecidos en Urda

Antonio y Daniel murieron en la misma cabina del AVE accidentado en Urda el 28 de octubre. Compartían el espacio de trabajo desde posiciones distintas: uno conducía como titular; el otro completaba su habilitación.

El vínculo entre ambos estaba en el oficio. Daniel se preparaba para trabajar en aquella línea junto a Antonio. En esa cabina coincidían la experiencia del conductor titular y una nueva etapa profesional para su compañero.

Sus caminos habían empezado cerca. Antonio nació en Móstoles y vivió durante años en Fuenlabrada; Daniel era vecino de Leganés. La tragedia alcanzó así a dos ciudades del sur de Madrid ligadas a sus vidas.

Para Antonio, de 36 años, los trenes también eran una herencia familiar. Su padre había sido maquinista y su abuelo había trabajado como electricista en Renfe. La profesión atravesaba tres generaciones de su familia.

Daniel había llegado a la conducción desde la formación técnica y el mantenimiento. Estudió electricidad, electrónica y robótica industrial, y en 2015 trabajó en los talleres de Santa Catalina con trenes de alta velocidad.

El acceso a la cabina exigió más formación. Mientras trabajaba, Daniel cursó estudios para convertirse en maquinista entre 2018 y 2019. Después ejerció en su escuela ferroviaria, antes de incorporarse a Renfe.

Barcelona fue otra estación de su recorrido. Daniel aceptó allí un puesto de maquinista y más tarde regresó a Madrid para conducir trenes de Cercanías. En marzo de 2026 empezó su etapa vinculada al AVE hacia Andalucía.

Su entusiasmo continuaba fuera del turno. Daniel compartía fotografías de trenes y felicitaba en redes profesionales a quienes anunciaban su incorporación a Renfe. También celebraba que otros consiguieran entrar en aquel oficio.

Antonio había vivido y trabajado en Barcelona, una ciudad que también formaba parte de su vida. Sus planes recientes miraban hacia Madrid: había contado a sus amigos que quería instalarse allí y comenzar una etapa con su pareja.

La fotografía acompañaba sus viajes. Antonio retrataba estaciones y escenas ferroviarias, a menudo en blanco y negro. El ferrocarril ocupaba sus jornadas de trabajo y también el tiempo que dedicaba a observar y fotografiar.

Tras su muerte, sus amigos Paula Fraga y Guillermo del Valle recordaron su preocupación por el transporte ferroviario. Reivindicaron sus advertencias sobre el deterioro de las infraestructuras y su compromiso con mejorarlas.

Esas mismas amistades cuestionaron la difusión de las comunicaciones entre la cabina y el control de Atocha. Para quienes lo conocían, escuchar su voz en los minutos anteriores al choque añadía dolor a la despedida.

Su entorno también rechazó que las explicaciones se concentraran en la responsabilidad individual de los trabajadores. Reclamó examinar las infraestructuras y las decisiones del centro de control: una exigencia de investigación, no una conclusión sobre las causas.

El choque contra un Iryo detenido en Urda acabó con ambos recorridos. Antonio estaba al frente del AVE y Daniel avanzaba hacia su habilitación. Los unían la vocación ferroviaria y el trabajo compartido en la cabina donde murieron.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *