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Beatriz Biedma relata la angustia por los seguimientos a sus hijas ante el juez Pedraz

Beatriz Biedma llegó a la Audiencia Nacional con una historia que no gira solo alrededor de expedientes, informes y despachos. La magistrada describió ante el juez Santiago Pedraz la angustia que le produjo descubrir que alguien había preguntado por sus hijas en su colegio, presentándose con identidades que no existían en su vida.

La escena que relató tiene el peso de lo cotidiano convertido en alarma. Al acudir al centro educativo, le comunicaron que su supuesto hermano había pasado antes por allí. Biedma no tiene hermano. En otra ocasión, le dijeron que había ido su secretario a preguntar por las niñas, pero tampoco cuenta con secretario.

La jueza explicó que aquellos avisos la hicieron sentir perseguida. No describió una amenaza directa ni afirmó haber cambiado sus decisiones judiciales por miedo, pero sí trasladó que la posibilidad de que vigilaran a ella y a su familia abrió una grieta inquietante en su rutina personal y profesional.

Su declaración se produjo como perjudicada dentro de la investigación conocida como caso Leire Díez. La causa examina presuntas maniobras dirigidas a obtener información, desacreditar a personas vinculadas a procedimientos sensibles y entorpecer pesquisas que podían afectar al entorno político del Gobierno.

Biedma precisó ante el magistrado que no conoce a Leire Díez y que no puede asegurar si ella estuvo detrás de los episodios que denunció. Esa cautela marca el centro de su testimonio: relató lo que percibió y lo que le comunicaron, sin atribuir de forma concluyente la autoría de los seguimientos.

La declaración puso también el foco en Luis José Sáenz de Tejada, exjuez expulsado de la carrera judicial y condenado por violencia machista. Biedma explicó que su relación con él nació cuando tuvo que asumir una causa que le afectaba y que, después, comenzó a recibir denuncias y ataques públicos.

En ese contexto, la magistrada recordó que Sáenz de Tejada trató de intervenir en el procedimiento contra David Sánchez y que ella lo impidió. A partir de entonces, sostuvo, el exmagistrado difundió vídeos contra ella. La secuencia volvió a aparecer en la sala como uno de los antecedentes de su temor.

La investigación incorpora además un informe de la Unidad Central Operativa que vincula al exmagistrado con la organización investigada. El documento recoge testimonios sobre contactos con personas relacionadas con un clan de Badajoz y sobre expresiones que apuntaban a causar daño físico a la jueza, extremos aún sometidos a investigación.

Biedma contó que un abogado acudió a su despacho para alertarla de que Sáenz de Tejada habría contactado con personas vinculadas a ese clan. Otro letrado le habló de un asunto grave y de vídeos en los que aparecían ella y sus hijas. El miedo no nació de una sola advertencia, sino de señales acumuladas.

La magistrada había instruido la causa contra David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno. Durante su comparecencia sostuvo que los agentes de la UCO destinados como policía judicial le trasladaron que recibían peticiones de información sobre informes antes de que fueran presentados al juzgado.

Ante ese aviso, Biedma indicó que les pidió que no entregaran los informes a sus superiores y que acudieran a ella si surgía algún problema. También dejó claro que no se sintió condicionada al resolver sobre la causa de David Sánchez, pese a la inquietud que le generaron los hechos narrados.

El juez Pedraz había admitido a Biedma como acusación particular al apreciar indicios de que podía ser perjudicada, al menos, por un delito de calumnias. El alcance de otras posibles conductas permanece abierto y depende de lo que avance la instrucción, donde las sospechas y los testimonios siguen bajo examen.

Entre los elementos citados en la causa figura una anotación atribuida a una agenda de Leire Díez con referencias a la jueza de Badajoz y a La Celsa. Biedma manifestó que desconoce qué significaba esa nota, aunque explicó que su aparición incrementó la alarma que ya arrastraba por los avisos recibidos.

La imagen final de su declaración no es una resolución ni una cifra: es un colegio, dos hijas y desconocidos preguntando por ellas bajo nombres falsos. Biedma no señaló una autoría definitiva, pero su testimonio deja constancia de una preocupación que la investigación deberá aclarar sin convertir las sospechas en certezas.

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