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El vídeo viral sobre Tomás Gimeno que volvió a agitar el caso no correspondía al desaparecido

Una imagen grabada a miles de kilómetros de Tenerife devolvió el nombre de Tomás Gimeno a la conversación pública. En el vídeo aparecía un hombre que decía ser español y cuya cara fue comparada en redes con la del padre de Anna y Olivia, desaparecido desde abril de 2021.

La grabación corrió de perfil en perfil con una velocidad que no dejó espacio para la prudencia. Algunos usuarios presentaron la supuesta coincidencia como una pista decisiva, pese a que una comparación hecha con capturas borrosas no puede establecer por sí sola la identidad de una persona.

La Policía de República Dominicana identificó al hombre filmado y confirmó que no era Tomás Gimeno. La comprobación desmontó la versión que había alimentado cientos de mensajes, pero llegó después de que el vídeo volviera a sacudir un caso que dejó heridas abiertas.

SOS Desaparecidos recibió más de doscientos avisos por correos y mensajes. La asociación tuvo que emplear parte de sus esfuerzos en responder una y otra vez a la misma pregunta: el hombre que aparecía en esas imágenes no era el desaparecido buscado desde hace más de cinco años.

El episodio no surgió de una prueba nueva ni de un avance en la investigación original. Nació de una publicación en redes y de la semejanza que algunos quisieron ver entre dos rostros, una cadena de interpretaciones que convirtió una escena cotidiana en una falsa pista de enorme alcance.

Quienes conocían el caso advirtieron que ni los ojos, ni las pecas, ni las orejas ni otros rasgos del hombre grabado coincidían con los de Gimeno. Aun así, la falta de una verificación inicial permitió que la posibilidad circulara como si fuera una revelación confirmada.

La confusión tiene un daño que no se mide solo en clics. Señalar a un desconocido como un asesino buscado expone a esa persona a una acusación devastadora, mientras obliga a la familia y al entorno de las víctimas a regresar a una historia marcada por la violencia y la ausencia.

También explica por qué el rumor encontró terreno fértil. El cuerpo de Tomás Gimeno nunca fue localizado, igual que el de Anna, y esa falta de un cierre material mantiene viva una grieta en la que cada fotografía, cada grabación y cada supuesto avistamiento puede parecer una respuesta.

El 27 de abril de 2021, Gimeno desapareció junto a sus hijas Anna, de un año, y Olivia, de seis, en Tenerife. La investigación reconstruyó después una secuencia atroz y situó el caso dentro de la violencia vicaria, con las niñas convertidas en víctimas para causar un daño extremo a su madre.

El cuerpo de Olivia fue hallado en el mar durante la búsqueda, pero Anna y Gimeno no aparecieron. La causa quedó atravesada por esa doble ausencia, incluso cuando las conclusiones de la investigación apuntaron a que el padre había matado a las pequeñas antes de desaparecer en el océano.

En septiembre, otro relato sobre un vídeo viral ya había reactivado especulaciones sobre el posible paradero de Gimeno. Aquella cobertura recordaba que no existía una identificación oficial que sostuviera las comparaciones difundidas en internet y que las teorías nacían de imágenes compartidas en redes.

La alerta de desaparición de Gimeno y Anna sigue activa porque sus cuerpos no han sido encontrados. Esa circunstancia administrativa no convierte en cierta cualquier pista que aparezca, pero ayuda a entender la intensidad con la que se reciben noticias que prometen resolver un vacío que permanece desde 2021.

La identificación en República Dominicana corta esta versión concreta, no el dolor acumulado alrededor del caso. La aclaración evita que el hombre del vídeo siga cargando con una identidad ajena y recuerda que las investigaciones no pueden sustituirse por montajes, intuiciones o mensajes reenviados sin control.

Cinco años después, el nombre de Anna y Olivia todavía obliga a mirar con cuidado. La respuesta a un vídeo viral no estaba en el parecido que miles de personas creyeron detectar, sino en una comprobación sencilla: el hombre señalado no era Tomás Gimeno, y el rumor no era una pista.

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