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Madrid: denuncian el desmantelamiento del altar de Maricarmen en Retiro

La acera frente al portal donde vivió Maricarmen Abascal en el distrito madrileño de Retiro amaneció vacía. Durante la noche desaparecieron las velas, las flores, los mensajes y los pequeños objetos que vecinos y activistas habían dejado allí para recordarla.

El homenaje se levantó ante la antigua vivienda de la mujer, en la calle Alcalde Sainz de Baranda, después de su muerte. No era una instalación oficial ni un monumento permanente: era un rincón construido a ras de suelo por quienes querían despedirse de ella.

El Sindicato de Inquilinas denunció que el altar había sido destrozado y difundió imágenes de velas y mensajes esparcidos. La organización sostuvo que la desaparición de aquellos recuerdos no borraría el rastro que Maricarmen dejó en quienes acompañaron su lucha.

Una vecina relató que la noche anterior aún había velas encendidas ante el portal y que, a primera hora de la mañana, encontró la acera despejada. La retirada fue completa: quedaron solo restos de cera y un pequeño cartel pegado al suelo.

No se conoce quién retiró los elementos del homenaje. La escena no mostraba daños visibles en el entorno, un matiz que obliga a distinguir entre la denuncia de destrozos y el hecho confirmado de que el altar quedó desmantelado y prácticamente desapareció.

Maricarmen tenía 87 años cuando fue desahuciada el 23 de septiembre de la casa en la que había residido desde 1956. El lanzamiento se ejecutó tras una larga batalla judicial y después de varios intentos aplazados en medio de concentraciones de apoyo.

Su caso convirtió aquel portal de Retiro en un punto de encuentro. La historia de una vecina mayor expulsada de su casa desbordó el barrio y alimentó movilizaciones por el derecho a la vivienda que acabaron trasladándose también a la Puerta del Sol.

Maricarmen falleció el 7 de octubre, tras haber permanecido ingresada en el Hospital Gregorio Marañón. La noticia impulsó nuevas muestras de duelo y el altar de su calle se llenó de velas, flores, fotografías y frases escritas por personas que no querían que su nombre se apagara.

El homenaje de Retiro no era el único. Frente a la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol, también se mantiene otro espacio de recuerdo rodeado por la acampada vinculada a las protestas de vivienda, con mensajes y fotografías dedicados a la anciana.

La desaparición del altar de la calle Alcalde Sainz de Baranda vuelve a colocar el foco sobre el valor simbólico de esos objetos mínimos. Una vela, una flor o una nota no reparan un desahucio ni revierten una muerte, pero convierten el dolor privado en memoria compartida.

Quienes conocieron a Maricarmen durante los últimos años describen una lucha que se prolongó mucho antes de que su historia alcanzara dimensión nacional. La disputa por el piso no fue un episodio aislado, sino el final de décadas de arraigo en una misma vivienda.

La denuncia sobre el altar no atribuye la retirada a una persona concreta ni aporta, por ahora, una identificación de responsables. Lo que sí está documentado es el vacío dejado ante el portal y la reacción de quienes habían levantado ese lugar de recuerdo en la acera.

El contraste entre las versiones añade una capa de inquietud a la escena: para el Sindicato, el homenaje fue destrozado; para quienes vieron el lugar por la mañana, había sido retirado sin que quedaran señales claras de vandalismo. Ambas miradas coinciden en la ausencia del altar.

En Retiro queda ahora una acera limpia donde hasta la noche anterior ardían velas por Maricarmen. El gesto de borrar el homenaje no cierra la historia de su desahucio ni silencia las protestas que provocó; deja, precisamente, una nueva pregunta abierta sobre su memoria.

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