| | | |

Madrid valla el Oso y el Madroño tras las pintadas en la acampada de Sol

El Oso y el Madroño ha amanecido rodeado de vallas en la Puerta del Sol. El monumento, uno de los símbolos más reconocibles de Madrid, queda así separado de la acampada por la vivienda que mantiene ocupada la plaza desde hace varios días y que ha convertido el centro de la capital en un escenario de tensión permanente.

La medida llegó después de que la estatua apareciera con pintadas, pegatinas, carteles y distintos accesorios vinculados a la protesta. En su peana seguía visible el mensaje «Ayuso, cuidado», dirigido a la presidenta de la Comunidad de Madrid, mientras el debate sobre el alcance de aquellas intervenciones crecía alrededor del monumento.

José Luis Martínez-Almeida había anunciado que se colocaría una protección física para evitar nuevas actuaciones sobre la escultura. El alcalde sostuvo que no podía considerar pacífica una movilización si afectaba a un bien de interés cultural y situó el estado de la estatua entre los argumentos para pedir que la acampada sea desmantelada.

A primera hora de la mañana, los servicios municipales de limpieza retiraron carteles y objetos que cubrían parte del Oso y el Madroño. Entre los elementos que habían aparecido sobre la figura figuraban una bandera de Palestina, un chaleco reflectante, adhesivos y mensajes de distintas organizaciones presentes en el entorno de la protesta.

La limpieza no cerró la escena. Poco después, participantes en la acampada volvieron a colocar carteles, pero esta vez sobre las vallas instaladas alrededor de la estatua. El lema «Aquí no hay quien viva» quedó visible en el nuevo perímetro y trasladó la reivindicación por el acceso a la vivienda desde el monumento hasta su barrera de protección.

La imagen condensa el choque que atraviesa Sol: una estatua protegida por vallas, mensajes reivindicativos en su contorno y una acampada que continúa pese a las presiones institucionales. La plaza, habitual punto de paso y de encuentro, se ha convertido en el centro de una disputa sobre vivienda, orden público y límites de la protesta.

La escultura fue inaugurada en 1967 y representa los elementos principales del escudo de Madrid. Su ubicación en la Puerta del Sol le ha dado un peso simbólico que supera su dimensión artística: es un lugar de fotografías, citas y tránsito diario, y ahora también el punto más visible de la fricción dentro de la acampada.

El Ayuntamiento ha descrito como vandalización las pintadas y la colocación de elementos sobre el conjunto. Esa valoración forma parte de una ofensiva más amplia contra la continuidad de la protesta, mientras sus participantes defienden su permanencia para reclamar soluciones ante la crisis de acceso a la vivienda y los desahucios.

En las inmediaciones de la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia regional, la tensión política se ha hecho más intensa. La continuidad de las tiendas y la presencia de mensajes dirigidos a Ayuso y a Almeida han alimentado un enfrentamiento entre administraciones y colectivos que no se limita ya a la gestión cotidiana de la plaza.

La Comunidad de Madrid ha reclamado el desalojo de la acampada y ha fijado un plazo para que se adopten medidas. Desde el Ayuntamiento se han remitido requerimientos y documentación sobre los riesgos que atribuye al asentamiento, al tiempo que se reclama una respuesta de la Delegación del Gobierno ante una concentración que sigue instalada en Sol.

La protección del Oso y el Madroño no elimina las marcas del conflicto. Durante la mañana continuaban visibles algunas pintadas en la base, mientras los carteles reaparecían sobre la valla. El resultado era una separación física entre la estatua y quienes protestan, pero no una desaparición del mensaje ni de la confrontación que lo rodea.

La presencia policial también ha aumentado en el entorno de la Puerta del Sol. El refuerzo coincide con la permanencia de la acampada y con la escalada de declaraciones entre las instituciones, que discuten quién debe actuar y bajo qué condiciones. Cada decisión sobre el espacio público adquiere ahora un significado político inmediato.

Para los acampados, los carteles trasladados al vallado mantienen viva una denuncia que asocia la plaza con la dificultad de encontrar o conservar una vivienda. Para el Ayuntamiento, el perímetro busca preservar una pieza patrimonial ante daños que considera inaceptables. Ambas posiciones conviven a pocos metros, separadas por metal y por un relato opuesto.

El Oso y el Madroño permanece en el corazón de la acampada, aunque ahora detrás de una barrera. La valla protege la figura, pero también deja una imagen difícil de ignorar: el emblema de Madrid convertido en la frontera visible de una protesta que sigue abierta y de un conflicto institucional que todavía no ha encontrado salida.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *