Muere Antonio Montero Domínguez, inspector de Hacienda, en el accidente de Urda

Antonio Montero Domínguez es una de las víctimas mortales del accidente ferroviario de Urda, en Toledo. La noticia de su muerte, conocida este 28 de octubre, ha golpeado al ámbito tributario, donde trabajaba como inspector de Hacienda y autor especializado.

La confirmación alcanzó a sus compañeros a través de una persona que había sobrevivido al siniestro. El homenaje de la editorial Lefebvre relata que otro profesional viajaba con Montero, logró salvarse y pudo reconocerlo después del accidente.

En la despedida aparece el nombre de Jesús, quien comunicó el fallecimiento a Juan. La conversación, reproducida por sus compañeros, terminó con una certeza devastadora: el acompañante superviviente lo había reconocido y ya no quedaba duda sobre su identidad.

Francisco de la Torre, también inspector de Hacienda, confirmó públicamente la pérdida en redes sociales. Su mensaje de condolencia identificaba a Antonio Montero Domínguez entre las víctimas y trasladaba el pésame a su familia y a sus allegados.

De la Torre había coincidido con él en un grupo de trabajo. Al despedirlo recordó esa experiencia compartida, un vínculo profesional que le había permitido conocer de cerca la preparación del inspector fallecido.

También había recibido clases de Montero. Ese recuerdo añade una dimensión docente a su trayectoria: además del trabajo tributario y la escritura especializada, había transmitido sus conocimientos a otros compañeros de profesión.

La abogada Nuria Puebla se sumó a las despedidas con otra experiencia personal. Había compartido con Antonio Montero una intervención como coponente en un curso y lamentó en redes la muerte del inspector en los trenes accidentados.

El nombre de Montero estaba vinculado a publicaciones especializadas en legislación fiscal. Su trabajo como autor formaba parte de las herramientas de consulta utilizadas por profesionales del ámbito jurídico y tributario.

Entre esas obras destaca el Memento de Procedimientos Tributarios. La publicación, dedicada a una materia que exige precisión en la interpretación de las normas, ocupa un lugar central en el homenaje que le han dedicado sus compañeros.

La despedida de Lefebvre se detiene en las galeradas, las pruebas de un libro que se revisan antes de su impresión. Sus compañeros recurrieron a esas páginas pendientes de corrección para expresar lo difícil que les resultaba aceptar su muerte.

El comunicado convierte los capítulos del Memento en una imagen de la pérdida: páginas que se desencajan y vuelan por los aires. Es la metáfora elegida por quienes compartían con Montero una obra que ahora también queda atravesada por el duelo.

Junto al dolor, el homenaje conserva una valoración concreta de su trabajo. Sus compañeros destacan su capacidad intelectual, su sensatez y la firmeza con la que formulaba criterios en una especialidad construida alrededor de textos legales.

La dedicatoria recuerda asimismo su honestidad, su rectitud, su integridad y su compromiso con las obligaciones. El retrato que dejan quienes trabajaron con él reúne las cualidades personales con las que ejercía su profesión.

El accidente de Urda deja así una ausencia con nombre y apellidos en el mundo tributario. Para sus compañeros, Antonio Montero Domínguez seguirá ligado a las clases, al trabajo compartido y al Memento que ayudó a construir, ahora convertido también en parte de su despedida.

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