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Rescate en Urda: cómo actúan las emergencias entre los trenes destrozados

Entre vagones destrozados y piezas caídas sobre el terraplén, los equipos de emergencia afrontaron en Urda una prioridad inmediata: sacar a los pasajeros. El accidente ferroviario del 28 de octubre convirtió la vía en un escenario de rescate y atención a los heridos.

Raúl Esteban, coordinador del Servicio de Emergencias del Ayuntamiento de Móstoles, explicó cómo se organiza la respuesta ante una catástrofe semejante. Su descripción parte de una señal que llega antes que los rescatistas: muchas llamadas al 112 en muy pocos minutos.

Los servicios de emergencia recibieron el aviso de la colisión un minuto después del impacto. Al llegar, los primeros efectivos pudieron comprobar la gravedad del choque y las dificultades que encontrarían para acceder a las víctimas.

Antes de repartir a los equipos, explicó Esteban, hay que obtener una visión global del lugar. Esa primera evaluación permite destinar los recursos que van llegando a los puntos donde pueden rescatar personas, con los convoyes dañados como principal frente de trabajo.

En Urda, esa prioridad comenzó por desalojar los trenes. Sacar a los pasajeros de los vagones era el primer paso de una intervención que debía continuar fuera de ellos: había heridos que necesitaban asistencia y personas cuyo paradero aún no estaba resuelto.

La secuencia descrita por el coordinador situaba después la atención a los heridos y la comprobación de si quedaban más personas atrapadas. Evacuar un convoy no despeja por sí solo esa última incógnita cuando hay estructuras aplastadas y restos que impiden ver el interior.

El terreno complicaba el trabajo junto a los vagones siniestrados. A la dificultad del acceso se sumaba la presencia de víctimas bajo las estructuras deformadas por el impacto, una de las circunstancias que Esteban destacó al explicar la dureza de estas intervenciones.

La hora del accidente ofreció una diferencia respecto a Adamuz: en Urda, el choque ocurrió por la mañana. Esteban señaló que la visibilidad y las condiciones meteorológicas favorecieron el trabajo de los profesionales durante esa primera parte del operativo.

Efectivos del GREIM y de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil participaron en el rescate de pasajeros heridos. El despliegue reunió también al Servicio de Montaña y al Servicio Cinológico, además de cuatro oficinas móviles de atención al ciudadano.

La evacuación continuó por aire. Helicópteros trasladaron a heridos graves a centros de Toledo y Madrid; entre las imágenes del dispositivo figuraba el traslado de una persona al Hospital 12 de Octubre, mientras otros pacientes eran atendidos fuera de la zona del choque.

Las grúas levantaban piezas de los vagones que habían quedado sobre la vía y el terraplén. Ese movimiento de grandes restos permitía revisar espacios ocultos y comprobar si había más víctimas entre los escombros, una tarea que mantenía abierta la búsqueda.

El rescate no terminó con la luz del día. Durante la noche del 28 de octubre, los equipos seguían trabajando en Urda y el movimiento de los vagones permanecía como una operación decisiva para completar la revisión de la zona siniestrada.

A esa hora, el balance comunicado era de 68 fallecidos y seguía siendo provisional ante la posibilidad de nuevos hallazgos al mover los convoyes. La continuidad de las tareas impedía considerar cerrada la búsqueda entre las estructuras que aún debían examinarse.

La revisión de los restos se desarrollaba además en un espacio restringido: la jueza había prohibido el acceso de personas ajenas al operativo en un perímetro de dos kilómetros. Dentro seguían los equipos, con vagones por mover y víctimas que todavía debían localizar.

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