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Muere un paciente con mpox tras contagiarse en el Hospital Donostia

Un paciente oncológico de 61 años ha fallecido en el Hospital Donostia de San Sebastián después de contraer mpox durante su ingreso. La muerte ha encendido una alerta en el centro, donde el contacto con otro enfermo derivó en una cadena de vigilancia sanitaria.

El hombre llevaba semanas hospitalizado por una enfermedad oncológica y compartió habitación con otro paciente cuya infección no había sido detectada en ese momento. Esa convivencia dentro de la planta se sitúa en el origen del contagio que ahora se investiga.

El fallecimiento ocurrió el martes por la tarde-noche, en un contexto clínico especialmente delicado. El paciente tenía patologías graves y un sistema inmunitario comprometido, circunstancias que pueden agravar el impacto de cualquier infección.

Los responsables asistenciales han precisado que el hombre murió con mpox, pero no han podido atribuir de forma exclusiva el desenlace al virus. La neoplasia y otros factores de su estado previo forman parte de una evaluación que obliga a mantener la cautela.

La infección se conoció después de que el otro paciente, ingresado por una complicación en la garganta, recibiera el diagnóstico. Fue aislado y recibió el alta para continuar el aislamiento en su domicilio, mientras el hospital activaba sus medidas de control.

Más de treinta personas vinculadas al caso han sido vacunadas y permanecen bajo vigilancia. La mayoría son profesionales que tuvieron contacto con los pacientes, dentro de un seguimiento fijado durante veintiún días para detectar posibles síntomas.

El centro considera altamente improbable que aparezcan nuevos contagios relacionados con este episodio. Aun así, el rastreo de contactos mantiene la tensión alrededor de una transmisión ocurrida en un espacio donde los pacientes ya afrontan una situación de vulnerabilidad.

El mpox, antes denominado viruela del mono, se transmite principalmente por contacto estrecho. Las lesiones cutáneas, los fluidos corporales y el contacto prolongado elevan el riesgo, por lo que una habitación compartida puede convertirse en un punto crítico.

La enfermedad suele provocar fiebre, cansancio, ganglios inflamados y lesiones en la piel o las mucosas. En muchos casos la evolución es limitada, pero las personas inmunodeprimidas pueden sufrir complicaciones más severas y requieren una atención estrecha.

El caso ha dejado al descubierto la dificultad de detectar a tiempo una infección cuando el paciente inicial llega al hospital por otro problema clínico. Hasta que se confirmó el diagnóstico, dos trayectorias médicas distintas ya habían coincidido en la misma habitación.

La muerte es la primera asociada a este virus conocida en Euskadi. La dimensión del episodio no se mide solo en el fallecimiento, sino también en el despliegue posterior: vacunación, observación de contactos y revisión de cada posible exposición.

Las autoridades sanitarias han insistido en que la mortalidad del mpox es baja, aunque el riesgo cambia cuando el organismo ya combate una enfermedad grave. El estado inmunitario del paciente se ha convertido en una pieza central para entender la gravedad del desenlace.

La investigación clínica deberá determinar el peso concreto de cada factor en la muerte, sin reducir un cuadro complejo a una sola causa. Esa precisión importa porque el contagio ocurrió en el hospital, pero el paciente afrontaba una situación médica muy frágil.

Mientras avanza esa evaluación, el Hospital Donostia mantiene la vigilancia sobre quienes estuvieron expuestos. El caso deja una imagen inquietante: una infección poco frecuente cruzó una puerta de hospital y encontró a un paciente con las defensas ya al límite.

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