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Un arruí irrumpe de noche en Gata de Gorgos y recorre sus calles ante la mirada de los vecinos

La noche en Gata de Gorgos dejó una escena que parecía escapada de la sierra. Un arruí apareció dentro del municipio y avanzó por varias calles, solo y desorientado, mientras los pocos vecinos que coincidieron con él trataban de entender qué hacía aquel gran bóvido entre viviendas, farolas y asfalto.

El animal fue visto a principios de esta semana, durante las horas de menor movimiento. Su presencia quedó registrada en varios vídeos y rompió la rutina nocturna de una localidad acostumbrada a tener las montañas cerca, pero no a encontrar un carnero de Berbería caminando por sus vías urbanas.

Las imágenes sitúan al ejemplar por la carretera de Xàbia y por la calle Lepanto. En lugar de esconderse de inmediato, el arruí siguió desplazándose por el entorno urbano, expuesto al tráfico, a los ruidos y a un escenario que no forma parte de su hábitat natural.

El episodio no terminó en una captura ni en un choque conocido con vehículos o personas. Después de aquel recorrido nocturno, el animal abandonó el casco urbano y volvió hacia la montaña. La irrupción quedó como un sobresalto sin daños comunicados, pero volvió a mostrar la proximidad entre el monte y el pueblo.

El arruí también recibe los nombres de muflón del Atlas o carnero de Berbería. Es una especie originaria del norte de África, preparada para terrenos secos y abruptos, con una gran capacidad para resistir la falta de agua y aprovechar recursos alimentarios muy distintos.

Su llegada a España no fue casual. Fue introducido en la Sierra Espuña, en Murcia, durante los años setenta con fines cinegéticos. Desde entonces, su expansión por el sureste peninsular ha convertido una decisión de caza en una presencia cada vez más visible en sierras alejadas de aquel punto inicial.

Las montañas de Alicante se han convertido en uno de los territorios donde esa expansión resulta más evidente. La resistencia del animal, su dieta flexible y la falta de depredadores naturales han facilitado que encuentre refugio y alimento en numerosos enclaves de la provincia y de la Marina Alta.

Gata de Gorgos se encuentra junto a un paisaje de relieve próximo y caminos que conectan la población con las sierras de la comarca. Esa frontera estrecha ayuda a explicar que un ejemplar pueda aproximarse a las zonas habitadas, aunque su irrupción entre calles sigue siendo una imagen excepcional para quienes la presencian.

No era la primera vez que un arruí entraba en un municipio alicantino. Durante el pasado julio, otro ejemplar fue visto en Dénia, cerca del parque Chabàs, del Club de Tenis, de la Marineta Cassiana y de les Rotes. Aquella aparición mantuvo al animal durante horas fuera de su entorno habitual.

La diferencia estuvo en el desenlace. En Gata de Gorgos, el ejemplar volvió al monte sin que se comunicaran daños. Esa salida evitó que una escena llamativa se transformara en un incidente, aunque el recorrido por carretera y calles revela los riesgos que afronta un animal grande cuando pierde su orientación.

El peligro no solo afecta al arruí. Un cruce inesperado con vehículos, la reacción de una persona que intenta acercarse o el confinamiento del animal en una calle sin salida pueden provocar situaciones difíciles de controlar. La calma y la distancia son decisivas cuando la fauna silvestre entra en espacios habitados.

La presencia de esta especie también despierta inquietud ambiental y agrícola. Como herbívoro robusto y adaptable, el arruí puede ejercer presión sobre la flora mediterránea y causar daños en cultivos. En el entorno del río Gorgos, esa expansión se observa con atención por sus posibles consecuencias sobre el paisaje y las explotaciones.

El vídeo de Gata de Gorgos condensa esa tensión en pocos minutos: un animal creado para las laderas, desplazándose entre construcciones humanas. No hubo persecución ni final dramático, pero el silencio de la madrugada y el tamaño del visitante convirtieron el cruce en una escena difícil de olvidar.

Cuando el arruí regresó a la montaña, las calles recuperaron su normalidad. Quedó el rastro de las grabaciones y una advertencia incómoda: la distancia entre la vida salvaje y el casco urbano es cada vez más corta en algunos puntos de la Marina Alta, incluso cuando cae la noche.

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