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Oliva: el hallazgo de una mujer de 79 años eleva a tres las muertes durante la dana Adam

La mañana del 19 de octubre dejó en Oliva una noticia que condensó la gravedad de la dana Adam. Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias localizaron el cuerpo sin vida de una mujer de 79 años mientras avanzaban las tareas de búsqueda y auxilio entre calles anegadas y accesos bloqueados.

El hallazgo se produjo en una localidad castigada por una noche de lluvia extrema, con viviendas aisladas, vehículos atrapados y familias pendientes de una evacuación que no podía esperar a que el agua bajara. La víctima fue encontrada en pleno despliegue de rescate, no después de que el peligro hubiese pasado.

Con esta muerte, el balance del temporal en la Comunitat Valenciana ascendió a tres personas fallecidas. La cifra incluye a otra persona localizada en un camping de Oliva y a una bañista de 54 años que desapareció la noche anterior en la playa de Sagunt cuando entró al mar con su pareja.

La mujer hallada en Oliva se convirtió así en el rostro más duro de una jornada que todavía estaba en marcha. La búsqueda de personas atrapadas continuaba mientras los equipos de emergencia trataban de abrir rutas, comprobar viviendas y atender avisos acumulados en la Safor y la Marina Alta.

El temporal descargó cantidades de agua excepcionales sobre el litoral sur de Valencia y el norte de Alicante. En algunos puntos se superaron los 700 litros por metro cuadrado en veinticuatro horas, una intensidad capaz de convertir caminos conocidos en corrientes y de cortar la comunicación entre núcleos próximos.

Oliva quedó entre los municipios con mayor presión sobre los servicios de rescate. Las operaciones combinaron lanchas para llegar a zonas inundadas, helicópteros para alcanzar lugares inaccesibles y equipos terrestres que trabajaron con la movilidad muy limitada por el estado de carreteras y cauces.

Una quincena de helicópteros participaba ese lunes en la atención a decenas de personas afectadas. El dispositivo reunió recursos de emergencias, seguridad y salvamento para trasladar a quienes permanecían en tejados, vehículos o viviendas rodeadas por el agua después de horas de lluvias persistentes.

Las autoridades mantuvieron las restricciones de movimiento y el confinamiento en 145 municipios de Valencia y Alicante. La medida afectó a una población cercana a 900.000 personas y buscaba evitar que los desplazamientos añadieran nuevos riesgos a un operativo que todavía tenía rescates pendientes.

La bajada de algunos avisos meteorológicos no significó que la amenaza hubiera terminado. En las zonas más castigadas seguían existiendo dificultades de acceso, suelos saturados y puntos donde el agua mantenía una fuerza suficiente para poner en peligro a quienes intentaran salir por su cuenta.

La muerte de la mujer de 79 años apareció en ese contexto de urgencia, cuando cada llamada podía llevar a una vivienda aislada o a una persona sin salida. El trabajo de la UME y del resto de los equipos se desarrolló bajo la presión de una situación que cambiaba a cada hora.

Las inundaciones también obligaron a suspender clases y alteraron servicios en amplias zonas de las dos provincias. La prioridad seguía siendo localizar a las personas vulnerables, garantizar la atención sanitaria necesaria tras los rescates y sostener el confinamiento hasta que mejoraran las condiciones de seguridad.

El recuerdo de episodios anteriores de lluvias torrenciales pesó sobre una comarca acostumbrada a mirar al cielo con inquietud. Esta vez, la acumulación y la velocidad del agua volvieron a demostrar que una alerta no es una formalidad cuando los barrancos, las carreteras y las casas empiezan a quedar bajo presión.

El balance de tres fallecidos no cerraba la jornada ni la incertidumbre sobre los daños. Las evaluaciones materiales quedaban para después, porque durante las horas decisivas la atención estaba puesta en los rescates, en las personas incomunicadas y en los municipios que aún necesitaban ayuda para recuperar el acceso.

Oliva quedó marcada por un hallazgo ocurrido mientras los equipos seguían trabajando contra el reloj. La dana Adam no solo dejó agua en las calles: dejó una nueva cifra de muertes, familias pendientes de noticias y un territorio que tendría que medir sus pérdidas cuando el temporal permitiera por fin detenerse.

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