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Pedro Sánchez abre un fin de semana decisivo tras la caída de los decretos de vivienda

El Congreso cerró la jornada con una derrota que ha dejado al Gobierno ante un corredor estrecho y oscuro. Los dos decretos de vivienda no salieron adelante y Pedro Sánchez ha abierto un periodo de reflexión para decidir durante el fin de semana si mantiene la legislatura o adelanta las elecciones generales.

La posibilidad no equivale a una convocatoria ni a una decisión cerrada. La fecha del 29 de noviembre circula como la primera ventana posible dentro del calendario electoral, pero todo depende de que el presidente decida disolver las Cortes y de que el decreto de convocatoria se publique en los próximos días.

El golpe parlamentario llegó después de que Junts se sumara al rechazo de los textos junto al PP y Vox. La votación dejó sin convalidar las medidas que el Ejecutivo había puesto sobre la mesa para intervenir en el mercado de la vivienda y ampliar las protecciones de los inquilinos.

Antes de que se conociera el resultado, Sánchez había pedido a los grupos que respaldaran las normas y advirtió de las consecuencias de rechazarlas. El fracaso de ambos decretos convirtió aquella intervención en el umbral de una crisis política más profunda, con la mayoría parlamentaria de nuevo bajo examen.

La sesión se celebró mediante votación pública por llamamiento, una fórmula que obliga a cada diputado a pronunciar su voto en voz alta. El mecanismo dio una gravedad poco habitual al momento y dejó expuesto, escaño a escaño, el aislamiento con el que el Ejecutivo afrontó una iniciativa central de su agenda.

La vivienda era el eje con el que el Gobierno aspiraba a responder a una presión social creciente. Los decretos incluían medidas sobre alquileres, desahucios, vivienda asequible y suelo público, pero su caída devuelve el conflicto al punto de partida y abre dudas sobre la capacidad del Gobierno para construir nuevos acuerdos.

En Moncloa, el debate ya no se limita al contenido de las normas rechazadas. La cuestión es si este revés revela un bloqueo que puede repetirse en cada votación relevante o si aún existe margen para recomponer apoyos y prolongar una legislatura marcada por la fragilidad de sus mayorías.

El fin de semana se convierte así en un intervalo de máxima tensión política. Sánchez deberá medir la reacción de sus socios, la respuesta de los partidos que sostienen al Gobierno y el clima que ha dejado la derrota en el Congreso antes de tomar una decisión que alteraría todo el calendario institucional.

Sumar ha activado contactos internos ante el nuevo escenario, mientras Yolanda Díaz ha defendido que la decisión corresponde exclusivamente al presidente. La izquierda del Gobierno se enfrenta a una disyuntiva incómoda: preparar una eventual cita con las urnas o tratar de recuperar una mayoría que ha vuelto a romperse.

Desde la oposición, el mensaje ha sido inmediato y contundente. El PP y Vox han vuelto a reclamar elecciones, interpretando el resultado como la prueba de que el Ejecutivo no dispone de una base parlamentaria suficiente para sostener sus proyectos ni para resolver el bloqueo que rodea a la legislatura.

También hay voces que piden cautela. Gabriel Rufián reclamó cabeza fría ante una posible disolución y puso el foco en la dificultad de articular una mayoría a la izquierda. Esa advertencia retrata el riesgo de que un adelanto no resuelva el problema, sino que traslade la incertidumbre a una campaña electoral anticipada.

El 29 de noviembre aparece en este contexto como una fecha de trabajo, no como una promesa. Para alcanzarla, el proceso debería encajar con los plazos legales desde la publicación del decreto de convocatoria. Cualquier retraso cambiaría ese horizonte y ampliaría el margen para que el Gobierno elija otra salida.

La caída de los decretos tiene además un efecto material: las medidas previstas no entrarán en vigor por esa vía. El debate sobre alquileres, protección frente a desahucios y acceso a la vivienda seguirá abierto, pero ahora sin la respuesta inmediata que el Ejecutivo había diseñado para convertir la crisis en iniciativa política.

Por ahora, la decisión sigue suspendida sobre el fin de semana. No hay convocatoria oficial, ni fecha confirmada, ni cierre de la legislatura. Solo un Gobierno golpeado por una derrota decisiva, unos socios en alerta y una pregunta que vuelve a recorrer Madrid: si Sánchez apretará el botón de las urnas.

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