El no de Míriam Nogueras tumba el decreto de vivienda en el Congreso

El pleno del Congreso llegó al momento decisivo con una tensión que ya no cabía en los discursos. Cuando Míriam Nogueras fue llamada a votar, la portavoz de Junts se levantó desde su escaño, mantuvo el gesto serio y pronunció un no que terminó de inclinar el decreto principal de vivienda hacia su caída.
La votación fue pública y por llamamiento, de modo que cada diputado tuvo que expresar su posición en voz alta. No hubo margen para esconderse tras el botón de un escaño: el rechazo quedó expuesto uno a uno, con el hemiciclo convertido en el escenario de una derrota que el Gobierno trató de evitar hasta el último instante.
El resultado final fue de 172 votos a favor frente a 178 en contra. PSOE, Sumar, ERC, Bildu, PNV, Podemos, BNG, Coalición Canaria y Compromís respaldaron el texto, pero los votos de PP, Vox, Junts y UPN formaron la mayoría que dejó sin convalidación la principal norma aprobada días antes.
El decreto incluía medidas dirigidas a frenar desahucios de personas vulnerables y a prolongar contratos de alquiler que vencían este año. Su rechazo implica que esas previsiones no continúan por esta vía, después de que la norma hubiera entrado en vigor apenas unas horas antes de la sesión parlamentaria.
La caída tuvo un peso simbólico añadido por la brevedad de su vigencia. El texto había sido aprobado por el Consejo de Ministros el martes y comenzó a aplicarse a las cero horas del jueves; tras el voto del Congreso, quedó derogado poco más de veinticuatro horas después, con su recorrido cortado de forma abrupta.
Junts había anunciado la noche anterior que votaría contra los dos decretos si el Ejecutivo no los retiraba. El partido sostuvo que el texto no resolvía el problema de fondo y reclamó una nueva negociación, mientras el Gobierno rechazó retirar una norma que defendía como fruto de meses de conversaciones entre distintas fuerzas.
Durante el debate, Nogueras acusó al Ejecutivo de alimentar una falsa esperanza y de no actuar con suficiente firmeza contra la especulación. La portavoz defendió que su formación no buscaba una derrota política, sino un nuevo acuerdo, pero su posición terminó siendo una de las piezas centrales de la mayoría que hizo decaer el decreto.
La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, pidió a Junts que al menos se abstuviera para permitir la convalidación y abrir después la tramitación como proyecto de ley. La petición no cambió el sentido de los siete votos del grupo catalán, decisivos en una Cámara donde cada apoyo se ha vuelto frágil y cada ruptura deja una marca inmediata.
Pedro Sánchez intervino de forma excepcional para pedir respaldo a los diputados y advertir de las consecuencias del rechazo. El intento no alteró la aritmética. La sesión dejó al Ejecutivo ante una derrota legislativa visible y ante la necesidad de decidir si retoma las negociaciones con un texto distinto o busca otra fórmula para recuperar las medidas.
Fuera del Congreso, la votación coincidió con movilizaciones vinculadas a la crisis de acceso a la vivienda y a los desahucios. Dentro, el choque entre las fuerzas políticas se endureció mientras se discutía qué parte de la responsabilidad recaería sobre quienes votaban no y qué eficacia real tendría el decreto si hubiera superado el pleno.
La propuesta de Junts plantea una vía alternativa con cambios fiscales, medidas sobre alquileres y límites temporales a determinadas adquisiciones de viviendas por grandes tenedores. Esa oferta queda ahora como punto de partida posible para una negociación futura, aunque no borra el fracaso de la convalidación ni garantiza que exista una mayoría para un nuevo texto.
También decayó el segundo decreto debatido en la jornada, centrado en la renovación automática de contratos de alquiler. La derrota de ambos textos agrava la presión sobre un Gobierno que había convertido la respuesta a la emergencia habitacional en una prioridad política y que necesitaba sostener una mayoría parlamentaria muy ajustada.
El gesto de Nogueras resumió una jornada en la que la política se volvió una escena de consecuencias inmediatas. Un voto breve, emitido de pie y a viva voz, no fue solo la expresión de una discrepancia: confirmó que el bloque de apoyos necesario para salvar el decreto ya se había roto antes de que terminara el recuento.
La vivienda vuelve así al centro del conflicto parlamentario sin una norma vigente que conserve aquellas medidas. Tras la derrota, queda abierta la negociación sobre un posible texto nuevo, pero también permanece el vacío dejado por un decreto que nació con urgencia, entró en vigor durante un día y terminó derribado en el Congreso.






