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Salobreña: una fosa de posguerra revela los restos de una veintena de niños

La tierra del cementerio de Salobreña guardaba una respuesta distinta a la que se buscaba. La primera campaña de localización y excavación terminó con el hallazgo de entre 19 y 20 enterramientos infantiles, desde fetos hasta niños de ocho o nueve años, y los restos de un joven.

La intervención se había puesto en marcha para localizar posibles víctimas de la Guerra Civil en una zona señalada por investigaciones previas. El resultado preliminar obliga a separar ambos planos: los restos documentados no han sido vinculados por ahora ni al conflicto ni a la represión franquista.

El equipo trabajó durante dos semanas en el pasillo central del camposanto, antes de llegar a la cruz de la entrada. Allí se comprobó que existía una fosa, aunque las evidencias recogidas apuntan a enterramientos de la posguerra y no a las víctimas que motivaron la búsqueda inicial.

La cifra de niños y fetos causó especial impacto entre quienes siguieron los trabajos. Los restos pertenecen a menores de edades muy distintas, hasta los ocho o nueve años, y dibujan una escena funeraria que deberá ser examinada con rigor antes de cerrar cualquier conclusión definitiva.

La documentación histórica manejada durante la campaña sitúa todos los hallazgos después de 1940. Esa cronología coloca los enterramientos en los años más duros de la posguerra, una etapa marcada por la escasez de alimentos y por graves carencias en la atención médica de muchas familias.

Entre los restos apareció también el de un varón de entre 17 y 19 años. La hipótesis de trabajo lo relaciona con una de las personas registradas documentalmente para esos años, pero esa posible identificación sigue siendo una línea de investigación y no una certeza científica cerrada.

La excavación no solo dejó huesos bajo la mirada de los especialistas; también alteró el mapa conocido del cementerio. Los cortes detectados en el terreno sugieren zanjas o fosas y apuntan a que la estructura localizada podría prolongarse hacia el lado izquierdo del sector intervenido.

El plan inicial contemplaba actuar en torno a la cruz central, pero fue modificado sobre el terreno. El cambio permitió ampliar la superficie examinada y descartar espacios sin indicios, una información relevante para que futuras campañas no repitan esfuerzos en zonas donde no aparecieron enterramientos.

Uno de los enterramientos infantiles llamó la atención por su ubicación en un área de paso y por la disposición observada durante la excavación. La existencia de ataúd y otros elementos obliga a estudiar las prácticas funerarias de aquel tiempo antes de explicar por qué terminó bajo un camino del camposanto.

La búsqueda de represaliados no queda cerrada con esta campaña. Hay dos zonas del cementerio donde se mantienen sospechas sobre posibles enterramientos vinculados a la Guerra Civil, y las conclusiones obtenidas ahora pueden orientar una nueva intervención si las administraciones y las familias deciden continuarla.

En Salobreña constan 17 posibles víctimas confirmadas de la represión, una cifra que podría crecer hasta 28 al incluir personas desaparecidas. Nada permite afirmar que estén en el área ya excavada, pero la campaña ha delimitado mejor el terreno y ha dejado preguntas que siguen esperando bajo tierra.

La intervención cuenta con financiación pública destinada a la recuperación de la memoria democrática. Ese respaldo permitió realizar la primera fase, pero el hallazgo inesperado demuestra que el trabajo arqueológico no sigue un guion fijo: cada capa puede desmontar una hipótesis y abrir otra más incómoda.

Ahora comienza una fase menos visible y decisiva: el análisis de los datos y de los restos recuperados. Hasta que ese proceso no concluya, cualquier lectura sobre identidades, causas concretas de muerte o vínculos históricos debe mantenerse en el terreno de la prudencia y de las evidencias comprobables.

La fosa de Salobreña no ha entregado todavía la respuesta que buscaban las familias de los represaliados, pero sí ha expuesto una herida de la posguerra. Bajo el pasillo de un cementerio permanecía la memoria silenciosa de una veintena de vidas infantiles que ahora reclama investigación y respeto.

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