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Una rifa deja una casa de 180.000 euros en manos de un joven y otra sin dueño en Málaga

Un cumpleaños en Alicante terminó con una llamada capaz de cambiar el tamaño de una vida. Raúl N.G., de 27 años, descubrió que el boleto de diez euros que había comprado en agosto le abría la puerta de una vivienda a estrenar en Cuevas del Becerro, en la provincia de Málaga.

El número 000295 fue el que resistió la extracción celebrada ante notario. Detrás de esa combinación había una papeleta adquirida por internet el 16 de agosto y una casa valorada en torno a 180.000 euros, una cifra que convierte aquel gesto pequeño en un golpe de suerte difícil de repetir.

La vivienda ganada se levanta en un municipio de la Serranía de Ronda, cerca de la ciudad rondeña. Tiene más de cien metros cuadrados repartidos en dos plantas, tres dormitorios, dos baños, cocina equipada y un patio exterior con lavadero, lista para que su nuevo dueño decida qué hacer con ella.

Junto a las llaves, el premio incluye un cheque regalo de 20.000 euros para mobiliario. La empresa promotora también ha anunciado que asume parte de la carga fiscal y de los gastos vinculados a la operación, un aspecto decisivo cuando un premio inmobiliario puede traer obligaciones económicas considerables.

La escena tuvo, sin embargo, un reverso incómodo. La misma rifa ofrecía dos inmuebles, pero uno de los números extraídos no correspondía a ningún boleto vendido. La segunda vivienda no encontró propietario y el premio quedó desierto sin que se realizara una nueva extracción.

Ese número fue el 148982. La ausencia de comprador convirtió el sorteo en una historia partida en dos: por un lado, un joven que recibe una casa tras pagar diez euros; por otro, un inmueble que permanece fuera de alcance porque la papeleta agraciada nunca llegó a manos de nadie.

La iniciativa había puesto en circulación 200.000 participaciones a través de la plataforma Tucasapordiezeuros.es. Al cierre del proceso se habían vendido 76.842, menos de cuatro de cada diez boletos emitidos, una proporción que hacía muy posible que saliera una cifra sin comprador.

La promotora malagueña Arkipromo presentó el proyecto como una vía distinta frente a las barreras de acceso a la vivienda. El resultado deja una imagen abrupta: una operación con decenas de miles de participantes, dos números premiados y una sola entrega de llaves prevista para el próximo lunes.

La vivienda adjudicada está situada en Cuevas del Becerro, una localidad de poco más de mil habitantes. Allí se prepara ahora la entrega del inmueble mientras el nombre de Raúl queda unido a una rifa que mezcló expectativas de compra, azar y un mercado inmobiliario cada vez más difícil de atravesar.

El sorteo se desarrolló en una notaría de Málaga después de meses de venta de participaciones. Las bolas fueron sacando las cifras de los números premiados y la comprobación posterior reveló que solo una de las dos combinaciones tenía detrás a una persona que hubiera pagado por participar.

La compañía ha defendido que buscaba multiplicar oportunidades para quienes ven una casa como un objetivo lejano. No ha confirmado todavía si repetirá la fórmula, aunque sus responsables han admitido que les habría gustado entregar las dos viviendas y no solo una en esta primera experiencia.

El caso también expone la distancia entre el valor anunciado de una casa y el coste real de recibirla. Los impuestos, la escritura, el registro y las obligaciones posteriores pueden transformar un premio en un trámite complejo, aunque la promotora haya asumido una parte de esos desembolsos para facilitar la entrega.

Raúl podrá usar la vivienda como residencia, venderla o destinarla al alquiler, dentro de los límites legales aplicables. Para él, la historia empezó con un número guardado desde agosto; para el segundo inmueble, todo terminó en una cifra extraída demasiado tarde para alguien que nunca la había comprado.

En Cuevas del Becerro quedará una casa con dueño y otra esperando un desenlace que el sorteo no resolvió. La rifa deja así una postal contradictoria: un premio extraordinario nacido de diez euros y, a pocos metros de esa fortuna, una vivienda que el azar dejó intacta.

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