Marisol relata la llamada de su hijo tras el accidente de trenes en Urda

Marisol escuchó la tragedia de Urda a través de un teléfono. Su hijo había sobrevivido al choque de trenes del 28 de octubre en Toledo y consiguió llamarla desde una zona donde había pasajeros gravemente heridos.
El joven había salido de Madrid por la mañana en un AVE con destino a Sevilla. Viajaba acompañado para acudir a un encuentro de trabajo: ese era el plan antes de que el trayecto terminara en el accidente.
Para avisar a su madre tuvo que utilizar un móvil prestado. Según relató Marisol, los viajeros habían salido despedidos y no podían volver a entrar en el vagón. Aquel aparato permitió establecer el contacto familiar.
La conversación fue breve. Marisol describió a su hijo aterrorizado y sobrepasado por lo que estaba viendo; apenas pudieron hablar mientras él trataba de explicarle la gravedad de la situación a su alrededor.
Entre los detalles que alcanzó a transmitirle estaba la lesión de uno de sus acompañantes. Marisol contó que se había fracturado una pierna, mientras otros pasajeros presentaban heridas graves tras la colisión.
Su hijo también le comunicó que había personas muriendo y que no podía hacer nada para evitarlo. La madre recibió así, a distancia, el relato de una emergencia que él estaba presenciando después de sobrevivir al golpe.
Marisol relató entre lágrimas su intención de ir a buscarlo. En aquella primera intervención no describió un reencuentro ni un traslado hospitalario confirmado: explicó que había podido hablar muy poco con él.
En el relato de la llamada apareció además la indignación del joven. Su madre recordó esta pregunta: «Qué más tiene que pasar en este país para que las cosas funcionen». Era la reacción que le había transmitido tras el choque.
El accidente afectó a un AVE y a un Iryo en el entorno de Urda y Los Yébenes, en Toledo. Las primeras informaciones apuntaban a una colisión por alcance; esas noticias iniciales no establecían una conclusión definitiva sobre sus causas.
Otros viajeros describieron la violencia del impacto. Miguel Ángel Pérez Laguna, situado en uno de los últimos vagones del AVE, explicó que sintió un golpe muy fuerte y vio cómo descarrilaban vagones del otro tren.
Jesús, otro pasajero, relató que un frenazo lo lanzó contra el asiento delantero. Después intentaron evacuar con rapidez; también contó que sostuvo una puerta para ayudar a los sanitarios durante la atención a los afectados.
Eduarda viajaba con sus dos gatos y recordó un fuerte frenazo que la desplazó hacia delante con la silla. Al salir encontró personas llorando y viajeros que no podían abandonar los trenes, entre gritos de pánico.
Cristina Cuervas, que ocupaba el segundo vagón del AVE, recordó varias detenciones durante el trayecto antes del frenazo. Después del impacto, su recuerdo inmediato era el de estar dando vueltas por el suelo.
El choque obligó a interrumpir la circulación de alta velocidad entre Madrid y Andalucía, y Renfe habilitó cambios y anulaciones. Para Marisol, la urgencia que había expresado aquella mañana tenía un destino concreto: llegar hasta su hijo.






