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Sánchez respalda a Óscar Puente tras su dimisión por la tragedia de Urda

Óscar Puente ya había anunciado su salida de Transportes cuando Pedro Sánchez hizo público su respaldo. Este martes, 3 de noviembre, el presidente defendió la actuación del exministro y presentó su renuncia como un gesto de respeto hacia las víctimas del accidente ferroviario de Urda.

El mensaje llegó seis días después del siniestro de Toledo, que había dejado 69 víctimas mortales. Sobre ese balance de vidas perdidas se produjo la salida del responsable de Transportes y, después, el reconocimiento público del jefe del Ejecutivo a su gestión de la crisis.

Sánchez difundió su valoración en X. Agradeció a Puente que hubiera afrontado la emergencia y buscado respuestas antes de apartarse del cargo. El presidente mantuvo así su defensa del ministro cuando su continuidad en el Gobierno ya había terminado con el anuncio de la renuncia.

La explicación presidencial situó la iniciativa en el propio Puente. Sánchez atribuyó la marcha a una decisión voluntaria, vinculada a la dignidad personal y a la consideración hacia el proyecto progresista. Su relato presentó la salida como una elección del ministro.

El respeto a las personas afectadas ocupó un lugar central en esa defensa. El presidente relacionó la renuncia con las víctimas y reivindicó la conducta de quien había dirigido Transportes durante la emergencia. Era una valoración política sobre su respuesta al dolor provocado por el siniestro.

Puente había comunicado la decisión ante la Diputación Permanente del Congreso. El anuncio se produjo en la Cámara donde comparecía por la crisis ferroviaria, después de varios días de presión y de peticiones de responsabilidades por el accidente de Urda.

La salida anunciada tenía también una consecuencia electoral: Puente renunciaba a concurrir en las listas del PSOE para los comicios del 29 de noviembre. La decisión alcanzaba tanto a su puesto al frente de Transportes como a su participación en la candidatura socialista.

El accidente de Urda había llegado nueve meses después del de Adamuz, en Córdoba, donde murieron 46 viajeros. Los dos siniestros formaban el contexto de la crisis que desembocó en la dimisión. La nueva tragedia volvió a colocar la seguridad ferroviaria en el centro del debate público.

En los días anteriores a la renuncia, Sánchez había mantenido su apoyo a Puente. Tras conocerse la salida, volvió a defenderlo públicamente y agradeció su trabajo. La marcha del ministro cerró así una etapa de respaldo a su permanencia, seguida por el reconocimiento a su decisión de irse.

El propio Puente había afirmado que el presidente no le había pedido abandonar el Ministerio. Esa explicación coincidía con la versión de una renuncia por iniciativa personal que Sánchez trasladó después en su mensaje público de agradecimiento.

El respaldo incluyó una confrontación con el Partido Popular. Sánchez contrapuso la entrega que atribuía a Puente con la actitud de quienes, a su juicio, se limitan a dar lecciones. La valoración de la dimisión incorporaba así un reproche dirigido a la oposición.

La comparecencia había durado cuatro horas cuando Puente anunció su marcha en el turno de cierre. Hasta entonces había respondido a las exigencias de dimisión. El giro final convirtió una sesión de explicaciones sobre el accidente en el escenario de su despedida política.

En esa comunicación, Sánchez no concretó quién ocuparía Transportes ni añadió nuevas medidas ligadas al relevo. Su intervención se centró en agradecer el trabajo del exministro y en explicar el sentido que atribuía a una salida anunciada horas antes en el Congreso.

La jornada dejó el anuncio de la salida de Puente y el respaldo público del presidente a su decisión. Detrás del relevo seguía el balance de Urda: 69 personas muertas en el segundo gran siniestro ferroviario de ese año, el hecho que había precipitado esta crisis política.

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