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Diecisiete muertos en una patera a la deriva rumbo a Baleares tras 15 días de agonía

La noche terminó con dos hombres vivos y diecisiete muertos invisibles en el mar. Los supervivientes fueron rescatados al suroeste de Mallorca después de una travesía de quince días a la deriva que convirtió la patera en una trampa sin salida.

Ambos, de origen magrebí, llegaron en estado grave de deshidratación y desnutrición. Su relato permitió reconstruir una secuencia brutal: la embarcación había salido desde las costas de Argelia con diecinueve personas a bordo y solo dos seguían con vida cuando apareció el auxilio.

Según contaron, los fallecidos fueron muriendo durante la travesía y sus cuerpos acabaron lanzados al mar conforme avanzaba el desastre. No hubo puerto, no hubo socorro cercano y no hubo margen para conservar siquiera a los muertos.

El rescate se produjo de madrugada, en torno a las 03.00 horas del martes 4 de agosto de 2026, en aguas del suroeste de Mallorca. Tras ser localizados, los dos supervivientes fueron trasladados al Hospital Universitario Son Espases debido a su estado crítico.

La alerta no partió de un aviso rutinario en tierra, sino de un ferry de Baleària que cubría la ruta entre Barcelona y Argelia. Ese buque detectó la situación y activó la cadena que terminó movilizando a Salvamento Marítimo en mitad de la oscuridad.

Con la información aportada por los supervivientes, Salvamento Marítimo desplegó además un helicóptero para rastrear la zona. El área de búsqueda quedó situada a unas quince millas al suroeste de Cala Figuera, en el corredor marítimo entre Ibiza y Mallorca.

Las autoridades manejan por ahora el testimonio de los dos rescatados como pieza central para dimensionar la tragedia. Todo apunta a una deriva prolongada, sin víveres suficientes y con un deterioro físico extremo que fue apagando a los ocupantes uno a uno.

La embarcación formaba parte de la ruta que une el norte de África con Baleares, un trayecto menos visible que otras vías migratorias, pero cada vez más presente. El dato es clave porque revela que el archipiélago sigue recibiendo llegadas precarias en condiciones cada vez más letales.

Hasta el 15 de julio, las cifras oficiales del Ministerio del Interior situaban en 3.244 las personas llegadas a Baleares en 172 embarcaciones durante 2026. Ese volumen explica el contexto en el que se produjo el rescate, aunque no reduce el peso singular de esta travesía devastada.

La misma madrugada dejó otro episodio en el mar: a las 05.15 horas fueron rescatadas quince personas de origen magrebí en otra patera, a treinta millas al suroeste de Ibiza. El contraste fue inmediato, porque mientras una embarcación lograba ser auxiliada a tiempo, la otra ya era un escenario de muerte.

Los relatos coinciden en un patrón conocido en las rutas irregulares: embarcaciones frágiles, salidas desde la costa argelina y jornadas enteras sin control sobre rumbo, agua o combustible. En ese contexto, una avería, una desorientación o la simple falta de provisiones pueden convertir el trayecto en una condena.

También se investiga si esta patera podría guardar relación con otras embarcaciones desaparecidas en julio en esa misma ruta. Esa verificación sigue abierta y depende, entre otras cosas, de identificar a las víctimas y de cruzar los testimonios con alertas previas de familiares.

La tragedia deja además una huella imposible de medir en quienes sobrevivieron. Los dos hombres rescatados no solo llegaron al hospital con el cuerpo al límite, sino con la carga de haber visto morir a todos sus compañeros en alta mar durante más de dos semanas de deriva.

Cuando la patera fue finalmente encontrada, ya no quedaban diecisiete cuerpos que recuperar, solo un relato capaz de dibujar su ausencia. Frente a Baleares, el Mediterráneo volvió a cerrar una historia sin testigos completos, sin despedidas y con un balance que se sostuvo sobre dos voces agotadas.

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