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Jana salió de Urgencias con fiebre y volvió horas después al borde del colapso: la querella que sacude Albacete

La historia de Jana quedó detenida en una secuencia insoportable de apenas veinticuatro horas. Tenía dos años cuando una fiebre muy alta encendió la alarma en casa y empujó a su madre a llevarla de madrugada a Urgencias, buscando una respuesta rápida antes de que el cuadro empeorara.

Aquella primera visita al hospital privado Quirón Santa Cristina de Albacete se ha convertido en el centro de una querella penal. Los padres sostienen que la niña fue atendida durante solo once minutos y que, pese al mal estado que presentaba, salió de allí sin una exploración clínica completa ni pruebas diagnósticas.

La denuncia describe una madrugada marcada por la impotencia. Jana tenía fiebre alta, había vomitado y, en el relato de la familia, mostraba un deterioro que no encajaba con una simple reacción febril común. Aun así, la respuesta que recibieron fue mantener la pauta de medicación y volver a casa.

Horas después, la situación se volvió crítica. Durante la mañana del 11 de enero de 2023, la niña siguió con fiebre elevada y sin mejoría, hasta que la familia regresó otra vez a Urgencias. Esta vez ya no hubo margen para esperar y terminó siendo trasladada al Hospital General de Albacete en ambulancia.

En el segundo centro sanitario llegó el diagnóstico que ahora pesa como una losa sobre todo el caso: una infección por estreptococo pyogenes que derivó en un shock tóxico estreptocócico. Para entonces, el tiempo ya jugaba en contra y la pequeña terminó ingresada en la UCI pediátrica en un estado extremo.

La evolución fue devastadora. Jana sufrió hasta cuatro paradas cardiorrespiratorias en cuidados intensivos y la última acabó con su vida a las 6.40 horas del 12 de enero. La secuencia temporal es la que sostiene la dureza de la acusación familiar: la niña murió un día después de haber sido enviada a casa desde la primera consulta.

Los padres han denunciado al médico que la atendió inicialmente por un presunto homicidio imprudente. Su versión insiste en una idea concreta y demoledora: no hablan de un error técnico aislado, sino de una omisión absoluta de asistencia ante síntomas que, a su juicio, exigían una comprobación inmediata y medidas urgentes.

La querella señala que no se revisó el historial, no se practicó una prueba rápida de estreptococo, no se solicitaron hemocultivos y tampoco se inició un tratamiento antibiótico que pudiera frenar la infección a tiempo. Ese conjunto de ausencias es el eje sobre el que gira la acusación presentada por la familia ante el juzgado.

Otro elemento que ha intensificado el impacto del caso es la existencia de una alerta previa de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica. Un mes antes de la muerte de Jana, esa advertencia pedía mantener una elevada sospecha ante las infecciones graves por estreptococo pyogenes en menores con cuadros compatibles.

La denuncia también subraya un dato especialmente incómodo: el médico investigado había firmado años antes un trabajo relacionado con este tipo de infecciones. Para la familia, ese antecedente agrava la sensación de abandono, porque sostienen que la posibilidad de una complicación bacteriana grave ni siquiera fue contemplada en la primera atención.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Albacete abrió diligencias previas y citó al facultativo a declarar como investigado por la posible comisión de un delito de homicidio imprudente. Esa citación no resuelve el fondo del asunto, pero sí marca el momento en que el dolor familiar dejó de ser un relato íntimo para entrar de lleno en la vía penal.

La madre de Jana ha repetido que no busca venganza y que ninguna resolución judicial podrá devolverle a su hija. Lo que persigue, ha dicho, es evitar que otro niño quede expuesto a una atención que perciben como desatenta, breve y peligrosamente incapaz de medir la gravedad real de una urgencia pediátrica.

El hospital, por su parte, evitó hacer valoraciones públicas detalladas al tratarse de un procedimiento judicial en marcha. Ese silencio es habitual en este tipo de procesos, pero también deja suspendida una pregunta que atraviesa toda la historia: qué ocurrió exactamente en aquella consulta de once minutos y por qué no se activó una respuesta mayor.

Ahora el caso de Jana avanza entre informes médicos, peritajes y declaraciones, mientras su nombre queda ligado a una sospecha insoportable: que una infección letal pudo haber sido detectada antes. En Albacete, la querella de sus padres no solo busca responsabilidades; también intenta fijar el instante exacto en que una oportunidad de salvarla se perdió para siempre.

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