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Totana, Murcia: cuatro detenidos por intentar una adopción ilegal de una niña de dos años

La historia empezó a romperse en Totana cuando los servicios sociales detectaron indicios de que una niña de casi dos años podía estar siendo entregada al margen de cualquier cauce legal, en una operación clandestina que colocaba a la menor en el centro de un pacto opaco y extremadamente grave.

La investigación acabó con cuatro detenidos: los progenitores de la menor y la familia que pretendía asumir su tutela de forma irregular, todos señalados por delitos de adopción ilegal, estafa y usurpación de identidad dentro de una trama que, según los datos conocidos, ya estaba bastante avanzada.

El supuesto acuerdo no se limitaba a una promesa futura. La familia interesada en quedarse con la niña habría adelantado ya 20.000 euros, una cifra que convierte el caso en algo más turbio y revela que la entrega de la menor se movía bajo un esquema de pagos sostenidos y compromisos económicos previos.

Antes de ese desembolso, la relación entre ambas familias ya se habría articulado mediante pagos semanales y mensuales. Ese dinero, además de mantener el vínculo, permitía visitas frecuentes a la niña y cubría sus gastos de manutención, crianza y presuntos trámites que se presentaban como parte de un proceso aparentemente normal.

La maniobra, sin embargo, no se apoyaba en un procedimiento administrativo válido, sino en una construcción artificial de confianza. La familia biológica habría hecho creer a la otra parte que una abogada especializada estaba resolviendo todo y que la operación seguía un recorrido formal perfectamente encauzado.

Para reforzar esa apariencia, apareció una segunda pieza inquietante: varias llamadas telefónicas en las que una supuesta directora de guardería confirmaba que todo era legal. Esa voz, presentada como garantía externa, habría servido para tranquilizar a quienes pagaban y para sostener un engaño calculado alrededor de la menor.

Detrás de esa escenificación, las autoridades apreciaron un riesgo serio para la niña. Desde su nacimiento en 2024 ya existía un seguimiento por parte de los servicios competentes en protección de menores, con intervenciones destinadas a vigilar su entorno familiar y a preservar de forma continuada su bienestar.

Cuando los indicios ganaron peso, la información pasó de la esfera social a la policial. La alerta fue trasladada desde el ámbito municipal a los servicios regionales de protección a la infancia y, a partir de ahí, al Grupo de Menores de la Jefatura Superior de Policía, que asumió la investigación del caso.

Los agentes reconstruyeron entonces una secuencia que apuntaba a una entrega irregular premeditada. No se trataba de una confusión documental ni de un simple intento desesperado de regularizar una situación familiar, sino de una operación organizada al margen de los procedimientos establecidos para decidir el futuro de una menor.

La gravedad del caso también reside en el uso presunto de identidades y roles falsos para blindar la maniobra. Cuando una trama necesita inventar intermediarios, simular avales profesionales y fabricar confirmaciones telefónicas, lo que emerge no es un error, sino un sistema de engaño diseñado para resistir preguntas y controles.

La intervención policial se produjo en coordinación con los servicios de protección del menor, precisamente para cortar cualquier posibilidad de que la niña terminara siendo desplazada fuera del circuito legal. Esa actuación conjunta fue clave para frenar el proceso antes de que la situación se consolidara de manera irreversible.

El trasfondo del caso golpea especialmente porque la presunta adopción no aparece como un acto informal aislado, sino como una transacción sostenida en el tiempo, con pagos, visitas, cobertura de gastos y una narrativa ficticia orientada a hacer pasar por legal lo que, en realidad, se estaba construyendo en la sombra.

Ahora la investigación deberá determinar con precisión el alcance de cada implicado, cómo se repartieron las decisiones, qué papel desempeñó cada engaño y hasta dónde llegó la preparación del traspaso irregular. También quedará por aclarar si hubo más colaboradores o si la trama intentó apoyarse en otros nombres para ganar credibilidad.

Mientras tanto, la imagen que queda es la de una niña convertida en eje de una negociación prohibida, envuelta en dinero, mentiras y una falsa tranquilidad fabricada para ocultar la violencia legal y moral del plan. Totana amanece así con un caso que no habla de adopción, sino de una presunta compraventa encubierta.

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