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Marruecos aparta a periodistas españoles de Castillejos en plena carga contra migrantes junto a Ceuta

La escena se tensó en cuestión de minutos en Fnideq, conocida en España como Castillejos, cuando las autoridades marroquíes ordenaron a periodistas españoles que abandonaran la ciudad mientras documentaban una carga antidisturbios cerca de la frontera con Ceuta.

Los reporteros estaban cubriendo el avance de centenares de migrantes, en su mayoría subsaharianos, hacia la zona fronteriza, un movimiento que derivó en una intervención policial con gases lacrimógenos y porras para dispersar a quienes trataban de acercarse al paso.

La orden no llegó envuelta en explicaciones ni matices. El máximo representante local del Ministerio del Interior marroquí, identificado como Youssef Hajji, comunicó que debían marcharse de inmediato y se limitó a deslizar que solo estaba cumpliendo instrucciones superiores.

La presión no se quedó en una advertencia verbal. También se trasladó a los periodistas que sus acreditaciones profesionales y sus equipos de trabajo podían ser retirados si decidían permanecer en Castillejos para seguir informando sobre lo que estaba ocurriendo en la zona.

Ese gesto convirtió una cobertura de tensión migratoria en una noticia propia sobre restricciones al trabajo periodístico. En pleno despliegue de fuerzas antidisturbios, la prioridad de las autoridades dejó de ser solo el control del perímetro y alcanzó también a quienes estaban mirando y contando.

Horas después, la situación se endureció aún más cuando los alojamientos en los que se encontraban los equipos les comunicaron que habían recibido órdenes para que abandonaran de inmediato los establecimientos, una señal de que la expulsión no se limitaba al lugar de la cobertura.

El episodio se produjo en un día extremadamente sensible en la frontera con Ceuta, marcado por llamamientos difundidos en redes sociales para intentar un cruce masivo y por un fuerte refuerzo de la vigilancia marroquí en los accesos y en las laderas próximas al paso fronterizo.

Sobre el terreno, la presión migratoria ya había desembocado en carreras, choques y una respuesta policial contundente. Las fuerzas marroquíes trataron de frenar a grupos numerosos antes de que alcanzaran el entorno inmediato de la frontera, en una secuencia de alta violencia y desorden.

La salida forzada de los periodistas añadió una capa opaca a una jornada ya convulsa, porque redujo la capacidad de registrar de primera mano cómo se estaba desarrollando el operativo y qué alcance real tenían tanto la carga policial como la dispersión posterior de los migrantes.

La reacción oficial posterior fue escasa. Los intentos de obtener una explicación formal sobre el motivo de la orden no habían obtenido respuesta en un primer momento, mientras desde el área de comunicación del Gobierno marroquí se trasladaba que se estaba tratando de esclarecer lo ocurrido.

La secuencia deja una imagen delicada en un punto especialmente frágil de la relación entre seguridad, migración y control informativo. Castillejos se convirtió durante esas horas en un espacio cerrado donde la tensión fronteriza y la presión institucional avanzaron al mismo tiempo.

En paralelo, las autoridades marroquíes mantenían operativos para interceptar a quienes intentaban sumarse al movimiento hacia Ceuta. Distintas informaciones coinciden en que el número de personas frenadas durante la jornada ascendió a varios centenares entre migrantes subsaharianos y ciudadanos marroquíes.

El desarrollo refuerza que no se trata solo de una crisis por la frontera, sino también de una batalla por el relato de lo que sucede allí. Cuando se aparta a los observadores en mitad de una intervención, el vacío que queda es informativo, político y también humano.

Al cierre de esta cobertura, el hecho central seguía intacto: periodistas españoles fueron obligados a abandonar Castillejos mientras cubrían una carga contra migrantes cerca de Ceuta, sin una explicación pública clara y bajo la amenaza de perder acreditaciones y material de trabajo.

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