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Casi siete meses sin Airam: la búsqueda que La Palma se niega a abandonar

El calendario se acerca a los siete meses desde que Airam Concepción Afonso desapareció en La Palma, y su nombre sigue suspendido sobre la isla. A 13 de septiembre no existe una localización confirmada del joven, visto por última vez el 16 de febrero, durante la celebración de Los Indianos.

Airam tenía 20 años cuando se perdió su rastro. Aquel día había viajado en guagua hasta Santa Cruz de La Palma y su llegada quedó registrada por cámaras de seguridad. Después habló por teléfono con sus padres; tras aquella comunicación, la secuencia conocida se interrumpió sin una explicación.

La última señal de su teléfono situó la investigación en el entorno de Los Cancajos, en Breña Baja. Esa referencia convirtió la costa y sus accesos en un punto decisivo desde los primeros días, aunque el paso del tiempo no ha permitido transformar las pistas reunidas en una respuesta sobre su paradero.

Poco después de la desaparición aparecieron una mochila y otras pertenencias vinculadas al joven. También se localizó en el mar un pantalón vaquero similar al que llevaba. Los hallazgos llevaron a rastreos en tierra y agua, pero no cerraron ninguna hipótesis ni permitieron localizarlo.

Los equipos especializados realizaron búsquedas marítimas e inmersiones en la zona de Los Cancajos. El mar, las cavidades de la costa y el terreno abrupto obligaron a revisar espacios difíciles. Aun así, ninguna de aquellas actuaciones aportó una prueba concluyente sobre qué ocurrió después de la última llamada.

La familia ha sostenido desde el principio que las circunstancias personales de Airam deben tenerse en cuenta. El joven tiene autismo y altas capacidades, y sus allegados plantearon que el ruido, la multitud y la intensidad de Los Indianos pudieron causarle un episodio de estrés o desorientación.

Esa posibilidad cambió la forma de mirar la isla. La búsqueda dejó de concentrarse únicamente en la costa y se abrió a la idea de que Airam pudiera haberse desplazado por tierra, esconderse o evitar el contacto. Cada aviso ciudadano adquirió entonces un peso que no ha desaparecido con los meses.

Durante este tiempo han llegado testimonios de personas que creen haberlo visto en distintos puntos de La Palma. La familia ha seguido esas comunicaciones y ha pedido prudencia al acercarse a alguien que pudiera ser él, porque una aproximación brusca podría aumentar su miedo o su desorientación.

Uno de los avisos que más atención recibió se sitúa el 13 de mayo. Un conocido de la infancia afirmó reconocer a Airam por sus rasgos y por uno de sus tatuajes. El relato describía además un aspecto distinto al de las imágenes iniciales, con el pelo y la barba más largos.

La acumulación de indicios no equivale a una certeza. Las pertenencias encontradas, la última localización del móvil y los posibles avistamientos dibujan un recorrido fragmentado, no una respuesta. Esa ausencia de confirmación es lo que mantiene abierta una búsqueda que ya ha atravesado estaciones enteras.

La Guardia Civil mantiene la investigación entre los casos de desaparición activos de La Palma. La continuidad de esa búsqueda no borra la angustia de la familia, pero confirma que el caso no está cerrado. A punto de cumplirse siete meses, cualquier información verificable puede seguir siendo relevante.

En la isla, el tiempo ha modificado las imágenes y las rutinas, pero no ha apagado la incertidumbre. La familia continúa difundiendo la descripción de Airam y atendiendo pistas mientras trata de reconstruir una tarde que empezó en plena fiesta y terminó dejando un vacío que nadie ha podido explicar.

La historia de Airam no tiene todavía el desenlace que esperan quienes lo buscan. Hay una fecha fija, una llamada, una zona de rastreo y objetos recuperados; lo que falta es la pieza esencial. Dónde está el joven sigue siendo la pregunta que acompaña a La Palma desde aquel 16 de febrero.

Casi siete meses después, la petición conserva la misma urgencia: que una observación concreta llegue a los equipos adecuados y pueda comprobarse. Mientras no exista una respuesta, la familia seguirá buscando y la desaparición de Airam continuará siendo una herida abierta en la memoria de la isla.

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