Felipe González acusa al Gobierno de no asumir responsabilidades por la crisis de Ceuta

La crisis de Ceuta volvió a quedar bajo una luz incómoda este jueves. Felipe González, expresidente del Gobierno y antiguo líder socialista, reprochó al Ejecutivo de Pedro Sánchez que no haya asumido responsabilidades por una gestión que considera manifiestamente mejorable.
Sus palabras llegaron en Madrid, antes de una comida con antiguos cargos políticos, cuando fue preguntado por el pulso que sigue abierto tras la entrada masiva de migrantes desde la frontera marroquí a finales de julio. La respuesta fue directa y dejó poco margen para la ambigüedad.
González sostuvo que nunca ha visto al actual Gobierno asumir responsabilidades por lo ocurrido. No planteó una acusación judicial ni anunció una iniciativa política, pero convirtió esa ausencia de autocrítica en el centro de su reproche público.
El expresidente también rescató la intervención de Sánchez del 31 de julio, un día después del episodio fronterizo. A su juicio, el presidente definió correctamente aquellos hechos al hablar de una violación de la integridad territorial de España.
Ese reconocimiento no suavizó su crítica posterior. Para González, nombrar con precisión el problema no basta cuando la respuesta institucional deja dudas sobre la previsión, la coordinación y las consecuencias que soporta la ciudad autónoma.
La crisis se originó tras una entrada irregular de decenas de miles de personas los días 30 y 31 de julio. La dimensión de aquel movimiento desbordó la capacidad ordinaria de Ceuta y abrió una discusión nacional sobre seguridad, migración y relaciones con Marruecos.
En los últimos días, la desclasificación de comunicaciones e informes previos ha reactivado el debate político. La documentación ha alimentado preguntas sobre qué avisos existían, cómo circularon y qué decisiones se tomaron antes de que la situación estallara.
El Gobierno ha defendido que no dispuso de una alerta sólida capaz de anticipar la magnitud de la entrada. Desde otros espacios políticos se cuestiona esa explicación y se exige aclarar si las señales conocidas debieron activar una respuesta más temprana.
González colocó su crítica en ese terreno de responsabilidades, pero también quiso expresar su solidaridad con Ceuta. La ciudad continúa en el centro de una crisis que combina presión humanitaria, tensión fronteriza y una fractura política cada vez más visible.
Al recordar sus catorce años al frente del Ejecutivo, describió Ceuta como un ejemplo de convivencia entre culturas y de solidaridad entre comunidades. El contraste con el presente fue uno de los elementos más severos de su intervención.
La apelación a la convivencia no borra la gravedad de la situación ni resuelve las decisiones pendientes. Sí refleja que el debate ha dejado de limitarse a la gestión inmediata y se ha extendido a la imagen de estabilidad que la ciudad proyecta dentro y fuera de España.
Las declaraciones de González coincidieron con una jornada de intensa actividad política sobre Ceuta. El Congreso rechazó una propuesta del PP para impulsar un plan de respuesta, mientras distintas voces mantuvieron el foco en los informes y en la actuación del Ejecutivo.
El expresidente cerró su comparecencia con otra reflexión política: afirmó que no teme una eventual coalición entre PP y Vox. Esa frase amplió el alcance de una intervención que empezó en Ceuta y terminó conectada con el clima de confrontación nacional.
Por ahora, el reproche de González añade una voz de especial peso histórico a una crisis sin cierre claro. Ceuta sigue esperando respuestas sobre lo sucedido, sobre los avisos previos y sobre quién debe asumir el coste político de una gestión cuestionada.






