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Francisca Cadenas: solo Manuel González participa en la reconstrucción del crimen

La calle Nueva de Hornachos volvió a quedar bajo control policial este lunes. Allí, a pocos metros de la casa de Francisca Cadenas, se reconstruyó una noche que empezó el 9 de mayo de 2017 y que durante casi nueve años quedó atrapada entre preguntas sin respuesta.

Los dos hermanos investigados fueron trasladados hasta la vivienda bajo custodia, pero la diligencia no tuvo la misma respuesta por parte de ambos. Manuel González, conocido en el pueblo como Lolo, sí participó en el recorrido ordenado dentro de la investigación judicial.

Julián González, que ha confesado ser el autor de la muerte de su vecina, permaneció presente durante el operativo pero rechazó colaborar. Su negativa dejó una imagen seca en el centro de una reconstrucción pensada para precisar movimientos, tiempos y lugares.

La diferencia entre los dos hermanos marca el pulso de una mañana seguida por todo el pueblo. Manuel mantiene que no participó en los hechos, mientras la investigación trata de aclarar su grado de implicación en lo ocurrido aquella noche de 2017.

Francisca Cadenas desapareció después de salir de su casa para acompañar a una niña a la vivienda de sus padres. El trayecto era muy corto, un paso entre calles vecinas, pero ella no regresó y el caso quedó abierto durante años.

El 11 de marzo de 2026, la investigación encontró los restos de Francisca enterrados en el patio de la casa donde vivían los hermanos. Aquel hallazgo cambió por completo el caso y llevó a situar la vivienda de la calle Nueva en el centro de las pesquisas.

La reconstrucción se desarrolló con un amplio dispositivo de la Guardia Civil, personal judicial, defensas y representación de la familia. El juez que dirige la instrucción siguió una diligencia que busca contrastar las versiones y fijar con precisión la secuencia de los hechos.

Fuera del perímetro, los vecinos y familiares escucharon y observaron con la rabia acumulada de casi una década. Hubo gritos contra los investigados y una tensión constante alrededor de una casa convertida en símbolo de la desaparición de Francisca.

Entre quienes siguieron el movimiento estaba José Antonio Meneses, hijo menor de Francisca. La noche en que su madre desapareció acudió a preguntar a la vivienda de los hermanos y desde entonces mantuvo sus sospechas sobre lo que pudo ocurrir allí.

La reconstrucción con los investigados se dio por terminada tras varias horas. Después, la diligencia continuó con otras personas vinculadas a las últimas horas de Francisca: testigos del recorrido, vecinos, conocidos y familiares llamados a reconstruir cada detalle posible.

El objetivo de ese trabajo no es repetir una escena, sino comprobar si los relatos encajan con el espacio y con las horas. Cada puerta, el callejón y los escasos metros entre las viviendas adquieren valor dentro de una investigación que aún no ha cerrado todas sus preguntas.

La negativa de Julián a colaborar no detiene el procedimiento, pero deja sin su versión práctica una parte clave del recorrido. La instrucción dispone de la confesión que hizo tras el hallazgo de los restos y de las pruebas reunidas durante los registros y análisis posteriores.

Para Manuel, la participación en la diligencia se produce mientras sostiene su inocencia. La investigación deberá valorar esa posición junto a los elementos ya incorporados a la causa, los testimonios pendientes y cualquier conclusión que surja de la reconstrucción realizada en Hornachos.

Nueve años después de la desaparición, la calle donde Francisca salió por última vez vuelve a concentrar la búsqueda de verdad. La reconstrucción no borra la espera de su familia, pero acerca el caso a una fase decisiva antes de que la justicia determine responsabilidades.

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