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Hondarribia: el agente que disparó a Babacar declara que actuó para salvar a una ertzaina

La muerte de Babacar Welle en Hondarribia ha entrado en una fase nueva. El agente de la Policía Local que efectuó el disparo ha declarado que actuó al ver a una ertzaina ante un peligro de muerte, una versión que sitúa el foco en los segundos decisivos de la intervención.

Los hechos ocurrieron el lunes en el barrio de La Marina, después de que el hombre, de 46 años, amenazara con un arma blanca a varias personas en un establecimiento. Hasta allí acudieron patrullas de la Policía Local y de la Ertzaintza para intentar controlar una situación que ya se había vuelto extrema.

Durante la actuación, Babacar habría intentado herir en varias ocasiones a una de las agentes con el cuchillo. El guardia municipal decidió entonces usar su arma reglamentaria. Tras el disparo se practicaron maniobras de auxilio, pero los servicios sanitarios no lograron salvarle la vida.

La declaración del policía añade ahora un elemento central al relato de lo sucedido. El agente afirmó en comisaría que quiso proteger a su compañera y que apreció un riesgo inminente. Esa explicación será una pieza relevante mientras se reconstruye con detalle la secuencia de la intervención.

La investigación policial sigue abierta y todavía se encuentra antes de la instrucción judicial. El examen de las actuaciones, los avisos previos, las declaraciones y cualquier material disponible deberá aclarar qué ocurrió desde que las patrullas llegaron al lugar hasta el instante en que se produjo el disparo.

El agente ha sido apartado temporalmente del servicio y se le ha retirado el arma reglamentaria. No se trata, de momento, de una medida disciplinaria, sino del procedimiento habitual tras un episodio de esta gravedad. La separación permite que el caso avance bajo control mientras continúan las diligencias.

El sindicato que asumirá la defensa jurídica del policía sostiene que el guardia salvó la vida de una compañera, aunque reconoce el desenlace mortal. Su posición abre una dimensión humana y profesional en torno a quien apretó el gatillo, sin cerrar las preguntas que deja una muerte en plena calle.

Babacar Welle era un ciudadano senegalés de 46 años y su fallecimiento ha provocado una fuerte conmoción en la localidad. La comunidad senegalesa y otros vecinos han expresado dolor y han reclamado explicaciones, mientras el caso ha reactivado el debate sobre las respuestas ante crisis de salud mental y violencia.

El alcalde de Hondarribia había hablado de un fracaso social y de una situación que podía haberse evitado. Desde el entorno sindical del agente también se han señalado carencias de prevención, formación y recursos de intervención no letales. Son cuestiones distintas, pero todas aparecen alrededor de una misma tragedia.

La discusión no se limita al disparo. También alcanza a la atención previa que recibió Babacar, a los recursos disponibles para afrontar una crisis y a los protocolos que se activan cuando una amenaza armada se cruza con una persona vulnerable. Cada una de esas capas forma parte del contexto que deberá ser examinado.

La muerte ha dejado dos realidades difíciles de separar: la de un hombre que no sobrevivió a la intervención y la de una agente que, de acuerdo con la declaración conocida, se encontraba en riesgo. La investigación deberá determinar el alcance de aquel peligro y la proporcionalidad de la respuesta aplicada.

En una localidad pequeña, los hechos han roto la normalidad con una violencia que sigue pesando en las calles. El lugar donde ocurrió la intervención se ha convertido en un punto de duelo y de preguntas. El caso no se agota en una sola versión, porque aún quedan diligencias y responsabilidades por esclarecer.

El apartado preventivo del policía no anticipa una conclusión sobre su conducta. Es una medida de protocolo mientras se analiza un suceso letal. La investigación de la Ertzaintza tendrá que fijar una cronología precisa y remitir los elementos necesarios para que la vía judicial valore los hechos con todas las garantías.

La declaración del agente marca un avance en un caso todavía abierto, no un cierre. Hondarribia espera respuestas sobre cómo se llegó a ese momento, qué alternativas existían y qué falló antes de que una intervención terminara con Babacar muerto y una comunidad entera enfrentada a su propia herida.

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