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Irene Montero abre las primarias de Podemos para disputar el liderazgo de la izquierda

Irene Montero ha dado el paso que Podemos preparaba desde hace meses: aspirar a encabezar una candidatura en las próximas elecciones generales. El anuncio, formulado en Madrid durante el acto «Paz, casa, trabajo», convierte una expectativa interna en una maniobra política abierta y coloca a la exministra en el centro de la carrera electoral de la izquierda alternativa.

La eurodiputada no ha reclamado el puesto como una designación cerrada. Ha dicho que quiere someterse a unas primarias abiertas, con participación de personas ajenas a Podemos y con la posibilidad de que cualquier aspirante se presente. La fórmula busca que la elección deje de ser un asunto reservado a la militancia y se convierta en la primera batalla de su candidatura.

El mensaje tiene una carga que va más allá del procedimiento. Las primarias abiertas fueron uno de los grandes puntos de fricción en la negociación con Sumar antes de las elecciones de 2023, cuando Podemos defendía ese modelo frente a otras fuerzas que desconfiaban de sus efectos. Ahora esa vieja disputa regresa como condición para ordenar una candidatura futura.

Montero ha presentado su propuesta como un intento de reunir a una izquierda más amplia que las siglas de su partido, aunque no ha detallado qué alianzas podrían sostenerla. Esa ausencia deja intacta la incógnita principal: quién aceptará competir o colaborar en un proceso diseñado para abrir la puerta a organizaciones y votantes situados fuera de Podemos.

El acto ha funcionado como punto de salida de una precampaña que todavía no tiene un tablero completo. Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns aún no han fijado a la persona que encabezará su propio espacio, ni han cerrado su marca o sus acuerdos para las generales. Montero toma la iniciativa mientras el resto conserva sus cartas ocultas.

Acompañada por Ione Belarra, Serigne Mbayé y Mar Cambrollé, la dirigente ha vinculado su candidatura a una idea insistente: la política debe ocuparse de las condiciones materiales de la vida. Vivienda, servicios públicos, conciliación, violencias machistas, emergencia climática y paz han aparecido como los pilares de un discurso que intenta volver reconocible su proyecto antes de negociar alianzas.

La vivienda ha ocupado un lugar central en esa exposición. Montero ha defendido bajar los precios y frenar la especulación, con medidas dirigidas contra la compra de casas por fondos de inversión. La propuesta conecta con una de las mayores preocupaciones sociales y sirve para colocar el acceso a un hogar en el corazón de una campaña que todavía no tiene fecha de convocatoria.

También ha planteado elevar el salario mínimo hasta los 1.800 euros y reducir la jornada laboral. Las cifras y los objetivos forman parte de un programa que pretende diferenciarse mediante compromisos concretos, no solo con la promesa de reconstruir un espacio político fragmentado. La discusión sobre el liderazgo llega así unida a una primera lista de prioridades económicas y laborales.

La paz y el gasto militar han completado el marco político de su intervención. Montero ha cuestionado que se destinen recursos a armamento mientras persisten carencias en servicios esenciales y empleos precarios. Esa posición refuerza una línea propia dentro de la izquierda y anticipa que la política exterior y la seguridad también serán terreno de disputa en la construcción de una candidatura común.

La aspiración de encabezar las generales no surge de cero. Podemos la señaló como referencia electoral en abril de 2025, después de un ciclo marcado por la ruptura con Sumar y por resultados adversos en varios territorios. La diferencia es que ahora Montero formaliza su voluntad de presentarse y la liga a un mecanismo de selección que puede alterar las relaciones entre partidos.

La formación morada ha mantenido distancia con Sumar desde la fractura de finales de 2023, pese a que ambas compartieron candidatura en los comicios del 23J. Los contactos y los gestos públicos posteriores no han resuelto la desconfianza acumulada. Por eso, el anuncio no certifica una unidad: abre una negociación difícil sobre condiciones, liderazgo y presencia territorial.

En el entorno de Podemos se habla de un proyecto nítidamente de izquierdas y lo más amplio posible, pero sin precisar todavía sus apoyos. La cautela no es menor: cualquier acuerdo exigirá medir el peso de organizaciones con estructuras y electorados distintos. Las primarias abiertas pueden ser una invitación, pero también una prueba de fuerza para quienes teman quedar desplazados en ese proceso.

Ione Belarra ha respaldado a Montero en el acto y ha reforzado la idea de que el partido busca una figura reconocible para la próxima contienda. El respaldo interno elimina dudas sobre la posición de Podemos, aunque no despeja las de un espacio político donde cada formación calcula los costes de acudir por separado. La unidad vuelve a ser una posibilidad, no una certeza.

La declaración de Madrid deja una escena nítida: Irene Montero quiere competir por el liderazgo de la izquierda y propone que esa decisión se tome a plena luz, con una participación más amplia que la de su partido. Falta saber quién acepta ese desafío y bajo qué reglas. Hasta entonces, las primarias anunciadas son una promesa y, al mismo tiempo, la primera grieta en el silencio electoral.

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