| | | |

Judy Markey muere en Suiza tras elegir una muerte asistida por una enfermedad degenerativa

Judy Markey, una de las voces más reconocibles de la radio de Chicago, murió a los 82 años después de viajar a Suiza para recibir una muerte asistida. La decisión puso fin a años de deterioro provocado por un trastorno neurológico degenerativo que había ido estrechando su vida cotidiana.

La muerte se produjo el viernes 11 de septiembre, con sus personas más cercanas a su lado. Markey había dejado claro con antelación que deseaba decidir cómo afrontar el final de una enfermedad que le causaba dolor, problemas de equilibrio y una pérdida progresiva de autonomía.

Su caso había sido aceptado en una clínica suiza dedicada a la asistencia médica para morir. Allí culminó un viaje que no fue improvisado: la locutora llevaba tiempo hablando de esa posibilidad con su familia y con Kathy O’Malley, su compañera inseparable ante el micrófono.

La distancia entre Chicago y Suiza condensó una realidad dura. En Illinois, la ley de ayuda médica para morir entró en vigor un día después de su fallecimiento, mientras Markey buscó fuera de Estados Unidos el marco legal que consideraba necesario para ejercer su decisión.

Su marido, Tom Collinger, relató que no percibió miedo en los últimos meses. La enfermedad había avanzado con rapidez, pero la mujer que durante décadas convirtió la conversación cotidiana en un refugio radiofónico mantuvo el humor hasta las horas finales de su vida.

Antes de morir, Markey comió unos bocados de una barrita de chocolate y bromeó con el dolor de cabeza que sentía. Ese gesto pequeño, contado por quienes estuvieron allí, dejó una imagen íntima y desconcertante: la risa resistiendo en una habitación marcada por la despedida.

Su trayectoria estaba unida al programa Kathy and Judy, que compartió con O’Malley durante veinte años en WGN-AM. El espacio rompió una barrera en la radio local al consolidar una pareja femenina en una franja dominada hasta entonces por voces masculinas.

Las oyentes bautizaron a aquella comunidad como The Girlfriends. El nombre no describía solo un programa, sino una relación creada con llamadas, confidencias y conversaciones sobre asuntos privados que muchas personas escuchaban como si ocurrieran en su propia cocina.

Markey llegó a la radio después de una larga etapa como columnista y también publicó novelas. Su voz no dependía de la solemnidad: encontraba materia en las torpezas, las dudas y las escenas domésticas, una forma de narrar que la convirtió en una figura cercana para miles de personas.

El diagnóstico de la enfermedad degenerativa transformó esa cercanía en una decisión dolorosa. Su cuerpo empezó a responder con lentitud y el esfuerzo para conservar el equilibrio o aliviar el dolor se convirtió en una presencia constante, visible para quienes la acompañaban.

La locutora y O’Malley habían expresado durante años su apoyo a que las personas gravemente enfermas pudieran elegir una ayuda médica para morir. En el caso de Markey, aquella posición pública acabó convertida en una elección personal, pensada antes de que la enfermedad avanzara todavía más.

La muerte asistida sigue abriendo un debate difícil entre el deseo de autonomía, el deber de proteger a las personas vulnerables y las diferencias legales entre países. La historia de Markey no elimina esa tensión, pero muestra el peso concreto que esas reglas tienen cuando el deterioro deja de ser una idea abstracta.

Tras conocerse su fallecimiento, el recuerdo de su carrera quedó unido a una despedida sin épica aparente y con una enorme carga humana. Hubo una familia, una amiga de décadas y una mujer que quiso conservar la capacidad de elegir mientras su enfermedad reducía sus márgenes.

Judy Markey dejó tras de sí una audiencia que había aprendido a reconocer su risa y su franqueza. Su última travesía terminó lejos de Chicago, pero la pregunta que acompañó su decisión permanece cerca: cuánto control puede conservar una persona cuando el cuerpo empieza a apagarse.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *