Muere de ELA a los 45 años Iván Fernández, exbatería de Vuelo 505

Iván Fernández ha muerto este viernes, 25 de septiembre, a los 45 años. El músico riojano, conocido por su etapa como batería de Vuelo 505, convivía con la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que fue estrechando su vida hasta obligarle a abandonar los escenarios.
La noticia deja un silencio duro en torno a una figura ligada al rock de Logroño. Fernández formó parte de la banda Vuelo 505 y compartió con ella una etapa decisiva de su trayectoria, marcada por los discos, los conciertos y una identidad construida desde la cercanía.
Su enfermedad no quedó encerrada en el ámbito privado. Fernández fue socio fundador de VencELA Rioja, una asociación nacida para acompañar a quienes afrontan la ELA y para sostener la visibilidad de una realidad que avanza sin hacer ruido, pero transforma cada día.
La ELA le provocó un deterioro físico progresivo y acabó apartándolo de la actividad musical. Aun así, su vínculo con el grupo no se quebró de golpe: antes de dejarlo participó en la grabación de Nada es tan urgente, el tercer disco de Vuelo 505.
La música había sido una parte central de su camino. Detrás de la batería encontró un lugar desde el que formar parte de una banda riojana que llevó sus canciones a distintos escenarios y conservó una relación reconocible con su ciudad y con su gente.
La despedida difundida por Vuelo 505 puso palabras al golpe. El grupo recordó a quien había compartido esa travesía musical y trasladó el dolor por la pérdida de un compañero cuya presencia pertenecía también a la historia íntima de la formación.
Fernández era padre de una hija. Ese dato atraviesa el relato de su muerte y devuelve una dimensión personal a una noticia que no se limita a la desaparición de un músico: deja una ausencia concreta en una familia, entre amistades y dentro de una comunidad cercana.
En sus últimos mensajes dejó una mirada directa sobre el tiempo. No habló desde la distancia ni desde el ruido, sino desde la experiencia de una enfermedad que cambia los ritmos y obliga a medir la vida en gestos pequeños, afectos y días que no regresan.
Su reflexión final pedía no perderse en preocupaciones vacías y aprovechar cada jornada. La frase, compartida tras conocerse su fallecimiento, quedó suspendida como una despedida sin artificios y como el rastro de alguien que había aprendido a mirar lo esencial.
VencELA Rioja queda ligada a esa parte de su legado. La asociación reúne la lucha por el apoyo, la información y la visibilización de la ELA, una enfermedad neurodegenerativa que reduce de forma progresiva la autonomía de quienes la padecen y golpea también a su entorno.
La muerte de Fernández concentra dos pérdidas en una sola noticia: la del integrante de una banda y la de un hombre que convirtió su experiencia con la enfermedad en compromiso colectivo. En ambos espacios dejó una huella hecha de cercanía, música y voluntad.
Vuelo 505 seguirá siendo uno de los lugares donde su nombre conserva pulso. Sus grabaciones retienen el trabajo de una etapa compartida, pero la noticia de este viernes altera esa memoria: ahora cada referencia a aquella formación arrastra también el peso de una despedida.
A los 45 años, Iván Fernández deja atrás una trayectoria marcada por el rock y por la defensa de quienes viven con ELA. Su vida no queda reducida al diagnóstico: también contiene los vínculos que sostuvo, el proyecto asociativo que ayudó a levantar y la música que dejó grabada.
El final llega con la crudeza de una enfermedad que avanza despacio y no ofrece tregua. Quedan su familia, sus compañeros y la comunidad que encontró en él a un músico y a un aliado. Su última llamada a aprovechar la vida adquiere ahora una gravedad imposible de esquivar.






