Mario Vaquerizo reconoce beber diez o doce cervezas al día en su nuevo libro

Mario Vaquerizo ha puesto una cifra a su consumo de cerveza: diez o doce latas al día. Lo cuenta en su nuevo libro, donde emplea la palabra adicción para describir un hábito que admite vivir con normalidad.
El cantante reconoce que la cantidad no es normal y explica que, cuando acude a un programa de televisión, pide cerveza para la nevera del camerino. La bebida aparece así vinculada también a su rutina de trabajo.
Vaquerizo sostiene que beber le hace sentirse bien y defiende que no ha abandonado sus obligaciones por ello. Esa es la explicación personal con la que justifica mantener el hábito que describe en las páginas del libro.
También cuenta que toma una cerveza al regresar del gimnasio. El líder de Nancys Rubias rechaza esconder esa costumbre y presenta la sinceridad sobre su consumo como una parte de su manera de entenderse a sí mismo.
La confesión forma parte de El cardadismo ilustrado, editado por HarperCollins. El volumen reúne recuerdos y reflexiones personales, entre ellos el relato del accidente que lo llevó al hospital en 2024.
En octubre de aquel año, una caída durante un concierto en Cáceres interrumpió de golpe su vida sobre los escenarios. El cantante sufrió una fractura vertebral y afrontó el miedo a morir o quedarse paralítico.
Ahora, con 52 años, explica que escribir sobre lo sucedido le ha servido para revisar su propia experiencia. Al ordenar los recuerdos comprendió la gravedad de un accidente que inicialmente había percibido de otra manera.
El golpe también lo obligó a replantearse el ritmo de trabajo. Vaquerizo admite que necesita parar y anuncia unas vacaciones en Las Vegas después de dos años sin descanso, una pausa que vincula a lo aprendido tras la caída.
La perspectiva del paso del tiempo atraviesa su relato. Defiende cumplir años y recuerda a su hermano, fallecido a los 32, una pérdida que aparece cuando explica por qué concede tanto valor a seguir celebrando la vida.
El libro nació de una propuesta editorial que al principio le pareció innecesaria. Al escribir, sin embargo, encontró una forma de examinar el accidente y de reconocer el agotamiento de estar pendiente de demasiados trabajos a la vez.
En su recuerdo del hospital hay también refugio. Cuenta que se sintió acompañado y seguro durante el ingreso, con Alaska a su lado, y que aquella experiencia reforzó la relación al hacerle ver el lugar que ella ocupa en su vida.
El regreso a casa recuperó una intimidad que el trabajo había desplazado: sentarse a ver la televisión con su mujer. También dice que la caída le hizo pensar en la necesidad de expresar el cariño mientras todavía hay tiempo.
Vaquerizo se describe ahora más sereno y templado, aunque insiste en que conserva su personalidad. Su idea de madurez pasa por aprovechar mejor el tiempo y por restar peso a conflictos que antes le ocupaban demasiado espacio.
Antes del accidente había empezado a medir lo que decía por miedo a las críticas. Hoy afirma que ha decidido dejar de autocensurarse. En esa defensa de mostrarse tal como es encaja el tono con el que afronta sus confesiones.






