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Policías desplazados a Ceuta denuncian colchones sucios y alojamiento indigno

La imagen que ha vuelto a abrir la herida en Ceuta no muestra una frontera ni una persecución. Muestra camas. Literas envejecidas, colchones con manchas y almohadas deterioradas en los espacios donde descansan agentes de Policía Nacional enviados como refuerzo.

Jupol ha denunciado que parte de los policías desplazados continúa alojada en condiciones que considera indignas. La queja no se limita a la incomodidad: el sindicato sostiene que el descanso, la higiene y la seguridad de quienes trabajan sobre el terreno siguen sin una respuesta suficiente.

Las fotografías difundidas por la organización comparan esos colchones usados con camas nuevas instaladas en el dispositivo de acogida levantado para personas migrantes. El contraste concentra una protesta que los representantes policiales llevan semanas formulando ante la prolongación del despliegue.

El foco de la denuncia está en el acuartelamiento Teniente Fuentes Pila, vinculado al Regimiento Mixto de Artillería 30. Allí han sido documentadas literas antiguas, ventanas corroídas, almohadas con manchas y colchones que los agentes describen como deteriorados.

La tensión se arrastra desde la entrada masiva de personas en la ciudad autónoma a finales de julio, un episodio que obligó a reforzar la presencia policial. Cuarenta y dos días después, el alojamiento de algunos efectivos continúa convertido en uno de los puntos más cuestionados del operativo.

La Confederación Española de Policía ha situado el problema en un terreno aún más delicado al reclamar un realojo inmediato y una inspección presencial de las instalaciones. La petición abarca el estado de las dependencias, la higiene y las condiciones reales de descanso de los agentes afectados.

Los sindicatos han recordado que las dificultades no comenzaron con las imágenes actuales. En agosto ya habían alertado de módulos con numerosas literas, ventilación insuficiente y servicios compartidos por decenas de personas, circunstancias que alimentaron una sensación de abandono entre los policías desplazados.

El alojamiento inicial llegó gracias a la colaboración militar, pero el edificio utilizado era un antiguo cuartel de reemplazo pendiente de demolición, de acuerdo con el relato trasladado por representantes sindicales. La precariedad temporal acabó alargándose mientras la emergencia seguía marcando el ritmo de Ceuta.

También pesa el coste diario de permanecer en la ciudad. Los agentes reciben una dieta destinada a cubrir alojamiento y comidas, una cantidad que los portavoces policiales consideran insuficiente para afrontar la estancia. Esa reclamación económica se suma a la exigencia de una cama limpia y un lugar habitable.

La denuncia incluye la prevención de riesgos laborales. Jupol sostiene que la Administración ha incumplido sus obligaciones y ha anunciado acciones ante los tribunales. La discusión deja de ser solo una protesta interna cuando afecta a la salud y al descanso de quienes sostienen turnos de vigilancia y seguridad.

Se confirmaron dos casos de sarna entre los agentes y se realizaron tareas de limpieza y desinfección en el dispositivo. Ese dato agrava la alarma expresada por los sindicatos, aunque no convierte por sí mismo cada alojamiento en un foco sanitario ni determina el origen de los contagios.

Desde Interior se ha señalado que las instalaciones no pertenecen a la Dirección General de la Policía. Los sindicatos replican que la titularidad del edificio no elimina la responsabilidad de garantizar un alojamiento adecuado para los efectivos que fueron enviados a trabajar en la ciudad autónoma.

Ceuta permanece bajo la presión de una crisis migratoria que ha exigido recursos extraordinarios y ha expuesto carencias de organización. En ese escenario, la discusión sobre las camas no es un detalle doméstico: revela la distancia entre la respuesta operativa urgente y las condiciones de vida de quienes la ejecutan.

La petición final es directa: un traslado a dependencias dignas, una revisión urgente y una solución que no dependa de fotografías para ser atendida. Mientras no llegue, cada colchón deteriorado seguirá funcionando como una prueba visible de una crisis que también se libra al terminar el turno.

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