A Coruña despide a José Manuel Sánchez Doval, bombero jubilado, con un homenaje de sus compañeros

A Coruña amaneció atravesada por una despedida íntima y dolorosa. José Manuel Sánchez Doval, conocido como Dovi y jubilado del cuerpo de bomberos de la ciudad, murió a los 67 años dejando tras de sí una vida ligada al servicio y a la convivencia diaria de un parque.
La muerte se produjo el 20 de octubre y fue comunicada por su entorno familiar. La esquela situó sus últimas horas acompañado de los suyos, un detalle sobrio que dibuja el final de un hombre arropado fuera del uniforme por las personas más cercanas.
Al día siguiente, sus antiguos compañeros transformaron el duelo en un gesto colectivo. El homenaje reunió a integrantes del parque ante los camiones, en una escena de silencio y aplausos que expresó una pérdida difícil de reducir a una despedida protocolaria.
El cuerpo de bomberos recordó a Sánchez Doval como un compañero trabajador, amable y cercano. Entre las palabras de afecto también apareció una faceta cotidiana: la de un cocinero excelente, una imagen que habla de los vínculos que se construyen durante años de guardias compartidas.
No se han difundido las causas de su fallecimiento. Esa ausencia de explicaciones obliga a separar el dolor de cualquier conjetura: lo confirmado es que murió a los 67 años y que la noticia sacudió a quienes habían compartido con él la exigencia de un oficio de emergencia.
Sánchez Doval ya estaba jubilado, pero la retirada no había roto su pertenencia al grupo. El mensaje de despedida insistió precisamente en esa condición: seguía siendo uno de ellos, alguien cuya presencia permanecía reconocible entre quienes conocen el peso de cada turno y cada aviso.
La despedida religiosa fue fijada para la tarde del 21 de octubre en la capilla del tanatorio de A Coruña. La cremación se programó después, cerrando una jornada marcada por el acompañamiento de familiares, amistades y compañeros que acudieron a dar su último adiós.
En los servicios de emergencia, las relaciones no se limitan al trabajo. Las largas horas de convivencia, la preparación ante situaciones extremas y la confianza necesaria para intervenir hacen que cada ausencia tenga una resonancia particular dentro de un parque de bomberos.
El homenaje no convirtió la muerte en un espectáculo. Se sostuvo en una concentración, un minuto de silencio y una ovación, tres gestos precisos para despedir a un compañero sin desplazar a la familia ni llenar de ruido una pérdida que ya pesaba por sí sola.
La ciudad conoció así el nombre de un profesional jubilado al que sus compañeros seguían considerando parte de la casa. Detrás de los vehículos alineados y del aplauso final quedó la memoria de una trayectoria laboral definida por la cercanía y el compañerismo.
La edad de 67 años y la fecha de su muerte son los datos que han quedado confirmados públicamente. El resto pertenece al ámbito personal de una familia que afrontó la despedida mientras el parque expresaba su respeto desde la discreción y el afecto.
Para quienes permanecen en el servicio, la muerte de un veterano rompe una continuidad silenciosa. Se pierde una voz conocida, una experiencia acumulada y una forma de estar en el equipo que no desaparece con la jubilación ni se sustituye con facilidad.
El recuerdo de Dovi quedó ligado a una despedida sencilla, pero cargada de sentido: compañeros reunidos, vehículos inmóviles y aplausos frente a la ausencia. No hubo necesidad de más para dejar claro que su paso por el cuerpo había dejado una huella duradera.
A Coruña cerró la jornada con un adiós sin respuestas sobre la causa de la muerte, pero con una certeza compartida. José Manuel Sánchez Doval fue despedido por su familia y honrado por quienes trabajaron a su lado, como uno de los suyos hasta el final.






