Oliva: la DANA Adam deja campings anegados y evacuaciones bajo el agua

La madrugada cambió de golpe en la playa de Oliva. Después de horas de lluvia, el agua empezó a avanzar entre caravanas y bungalós hasta entrar en los alojamientos, cortar la electricidad y dejar a decenas de huéspedes sin un lugar seguro al que retirarse.
La DANA Adam descargó con una violencia que desbordó las previsiones en el sur de Valencia. En la zona costera de Oliva, la acumulación de lluvia y el temporal marítimo complicaron la salida natural del agua y convirtieron parcelas turísticas en extensiones inundadas.
En uno de los campings más afectados, los empleados comenzaron a avisar puerta por puerta cuando el nivel ya amenazaba el interior de las caravanas. Entre los alojados había numerosas personas mayores, incluidas parejas extranjeras que pasaban allí una temporada junto al mar.
La evacuación se hizo en condiciones extremas. Algunos campistas tuvieron que abandonar sus vehículos de madrugada y refugiarse con lo puesto, mientras el agua seguía ganando terreno entre los caminos del recinto y los servicios de emergencia trataban de acceder a las zonas más comprometidas.
El miedo no se concentró solo en una parcela. Las imágenes posteriores mostraron caravanas volcadas o anegadas, bungalós dañados y objetos arrastrados por la corriente. Lo que horas antes era una estancia de descanso quedó reducido a una noche de urgencia y pérdidas materiales.
Los desalojados que no disponían de una vivienda cercana fueron trasladados a espacios habilitados en Oliva. El centro polivalente acogió a personas rescatadas de la zona de playa, entre ellas clientes de campings que no tenían familia ni una segunda residencia donde pasar la noche.
Dos matrimonios holandeses, que llevaban semanas instalados junto a la costa, tuvieron que salir en pijama cuando el agua alcanzó sus autocaravanas. Después del rescate, quedaron pendientes de seguros, remolques y de una pregunta mucho más básica: cómo regresar a su país.
El temporal dejó las autocaravanas siniestro o con daños graves en motores, instalaciones eléctricas y habitáculos. La imposibilidad de mover muchos vehículos prolongó el problema incluso después de que la lluvia cediera, porque la vuelta dependía de reparaciones y de una logística todavía incierta.
Los responsables de algunos complejos activaron protocolos de evacuación al conocerse la alerta roja. En un camping se evacuó a unas 300 personas y se utilizó la parte alta de los edificios para resguardarlas, una medida que evitó que la inundación se tradujera en más daños personales.
La emergencia no se limitó a los establecimientos turísticos. Oliva y otros municipios de la Safor sufrieron calles anegadas, carreteras cortadas y rescates por aire y por agua. La prioridad durante las primeras horas fue sacar a quienes seguían atrapados en casas, vehículos y recintos inundados.
La tragedia también dejó víctimas mortales en Oliva. Un hombre de 64 años fue hallado sin vida en un camping tras sufrir una parada cardiorrespiratoria, en medio de una crisis que obligó a desplegar un amplio dispositivo de bomberos, fuerzas de seguridad y apoyo aéreo.
Cuando el nivel del agua comenzó a bajar, llegó otra fase menos visible y no por ello menos dura: limpiar barro, retirar enseres, revisar instalaciones y comprobar qué podía salvarse. Para muchos afectados, abrir de nuevo la puerta de su alojamiento significó descubrir que casi nada seguía intacto.
La dimensión exacta de los daños tardará en conocerse. Las instalaciones estuvieron cubiertas por más de un metro de agua en algunos puntos, y los propietarios afrontan reparaciones que abarcan desde suministros eléctricos hasta estructuras, vehículos y zonas comunes arrasadas por la inundación.
En la playa de Oliva, la DANA dejó una escena que continúa después de la tormenta: personas lejos de casa, caravanas inmóviles y campings que intentan recuperar una normalidad todavía lejana. El agua se retiró, pero la huella de aquella madrugada sigue en cada parcela devastada.






