Abelardo Carrillo cuestiona que el fallo humano explique la tragedia ferroviaria de Urda

Con al menos 68 muertos confirmados por la Junta de Castilla-La Mancha, la tragedia ferroviaria de Urda deja una pregunta sobre la seguridad. Abelardo Carrillo, exdirector de la Alta Velocidad Española, cuestiona que un fallo humano baste para explicar semejante desenlace.
Carrillo intervino este 28 de octubre después de la colisión entre un AVE y un Iryo en Toledo. Su experiencia incluye responsabilidades en la alta velocidad y en Renfe Mercancías; su análisis pone el foco en las defensas que deben proteger a los viajeros.
El antiguo directivo comenzó reconociendo que las causas reales del accidente todavía se desconocen. Esa cautela acompaña su argumento central: admitir que una persona puede equivocarse no resuelve por qué ese error acaba convertido en una catástrofe mortal.
En su razonamiento, la seguridad ferroviaria debe impedir que una equivocación individual atraviese todas las barreras. Carrillo acepta la posibilidad del error, pero rechaza que invocarlo cierre las preguntas sobre el funcionamiento del conjunto.
La secuencia descrita por el ministro de Transportes, Óscar Puente, comienza alrededor de las 8:30 con una avería informática del sistema LZB. Seis trenes quedaron detenidos y la gestión de la circulación pasó a depender de las instrucciones del centro de control.
Puente explicó que desde el centro de Adif se autorizó a reanudar la marcha con normalidad. El ministro sostuvo que, ante aquel fallo, correspondía circular a la vista, a unos 40 kilómetros por hora, para poder reaccionar ante un obstáculo.
El responsable de Transportes reconoció que no hubo una protección que impidiera que el error humano terminara en colisión. También defendió la seguridad del ferrocarril y dejó la determinación de las causas en manos de la investigación.
El análisis de Carrillo encuentra una preocupación coincidente en Salvador García Ayllón, ingeniero de Caminos. Este considera posible una equivocación humana, pero sitúa el problema en que la seguridad de la alta velocidad pueda depender de una sola decisión correcta.
García Ayllón también relacionó sus dudas con el crecimiento del tráfico entre Madrid y Andalucía y con la modernización de la red. A su juicio, la adaptación del sistema no ha acompañado ese aumento de circulación ni su envejecimiento; es su valoración técnica, no una causa probada.
Carrillo recordó que el ferrocarril dispone de tecnologías, procedimientos y profesionales capaces de ayudar en decisiones de enorme alcance. Su intervención desplaza la atención hacia cómo se combinan esas herramientas cuando aparece una situación fuera de la normalidad.
Para el exdirector, la explicación del fallo humano tampoco ofrece una respuesta convincente a familiares, víctimas y heridos. Su objeción nace del resultado: una decisión equivocada no debería bastar para dejar a los pasajeros sin protección frente a un choque mortal.
Carrillo describió el ferrocarril como un sistema robusto que debe anteponer la seguridad a cualquier otro objetivo. Advirtió de que asumir que un error individual puede costar la vida a quienes viajan transmite una imagen de vulnerabilidad que exige respuestas.
En sus declaraciones, el antiguo responsable reclamó orientar las prioridades de gestión hacia la seguridad, la recuperación de la confianza y la fiabilidad. Es una petición de revisión del sistema, formulada mientras siguen pendientes las conclusiones sobre lo ocurrido en Urda.
La investigación deberá esclarecer tanto la avería inicial como las decisiones posteriores y las protecciones disponibles. Carrillo no presentó una causa alternativa demostrada: exigió una explicación que alcance a todo el recorrido entre el primer fallo y la pérdida de vidas.






