Jesús Rodríguez explica cómo Cruz Roja acompaña a las víctimas del accidente de Urda

El accidente ferroviario de Urda, en Toledo, deja una emergencia que también se libra entre quienes intentan comprender lo ocurrido. Este 28 de octubre, Jesús Rodríguez, coordinador autonómico de Cruz Roja en Castilla-La Mancha, ha explicado cómo se acompaña a las víctimas, los heridos y sus familiares.
La primera dificultad que describe Rodríguez es la incomprensión. Ante una emergencia de esta magnitud, la persona puede no entender qué está pasando ni conseguir asimilar lo que acaba de vivir. Esa desorientación marca el punto de partida de la relación de ayuda.
Por eso, el coordinador sitúa la escucha en el centro de la atención. Su explicación parte de acercarse a la persona afectada y atender lo que está viviendo. En ese primer contacto, sentirse comprendida forma parte del apoyo que recibe después del accidente.
Rodríguez distingue distintas maneras de establecer esa relación. En ocasiones se habla y se utilizan técnicas de apoyo; en otras, el acompañamiento se sostiene con la presencia y la escucha. La intervención que describe no depende siempre de encontrar palabras.
Una mano tendida también puede formar parte de ese acercamiento emocional, explica el responsable de Cruz Roja. El gesto cobra sentido dentro de una atención cuyo propósito es que la víctima se sienta entendida en una situación que le resulta difícil comprender.
La explicación encuentra un punto de encuentro en Belén Colomina, integrante del grupo de emergencias del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana. Al abordar la tragedia de Urda, destaca la necesidad inmediata de ofrecer protección y orientación.
Colomina describe una primera respuesta marcada por la conmoción, el bloqueo y la desorientación. Para atender ese momento, plantea un acompañamiento práctico y cercano que ayude a las personas afectadas a recuperar una referencia de seguridad tras lo vivido.
Las reacciones, advierte la psicóloga, pueden ser muy diferentes: quedarse bloqueado, intentar huir, sentir rabia o tristeza. Son emociones intensas que necesitan espacio para expresarse y para empezar a ordenar una experiencia que ha desbordado a quienes la sufren.
Entre los familiares, esa desorientación puede estar ligada a una pregunta concreta: dónde está la persona que viajaba en el tren. Colomina subraya por ello la necesidad de contar con información adecuada y orientación para saber qué hacer en medio de la incertidumbre.
La atención que plantea la especialista combina calma y respuestas útiles. Su explicación sitúa el apoyo emocional junto a las necesidades inmediatas de quienes buscan a un hijo, un compañero o a la persona con la que compartían el viaje antes del accidente.
El impacto también puede alcanzar a quienes conocen la tragedia a través de sus imágenes. Colomina señala que ver lo sucedido puede despertar miedo y una mayor sensación de vulnerabilidad, incluso entre personas que no estaban en los trenes accidentados.
Rodríguez aborda, además, las consecuencias que pueden acompañar a los supervivientes después de una experiencia así. Reconoce la importancia del golpe emocional y, al mismo tiempo, insiste en la capacidad de las personas para superar situaciones profundamente dolorosas.
En su explicación, superar lo vivido no equivale a olvidarlo. El coordinador de Cruz Roja sitúa el trabajo de ayuda en poder entender lo sucedido y evitar que esa experiencia deje a la persona sumida en la indefensión o sin capacidad para seguir actuando.
Escuchar, acompañar y favorecer la comprensión de lo ocurrido son los elementos que Rodríguez reúne al hablar de la atención tras Urda. El recuerdo puede permanecer; el objetivo que plantea es que ese dolor no anule a quienes han sobrevivido ni a sus seres queridos.






