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Accidente de Urda: las familias piden agilizar la identificación de las víctimas

Las familias de los desaparecidos en el accidente ferroviario de Urda, Toledo, siguen esperando una respuesta este 31 de octubre. Reclaman que se agilice la identificación de las víctimas, atrapadas entre la necesidad de saber y el miedo a recibir la confirmación.

Ricardo perdió a su hermano. Antes de conocer el fallecimiento, había pedido que el proceso avanzara más deprisa. Su testimonio expresa la urgencia de quienes llevan horas pendientes de una identificación que puede confirmar sus peores temores.

Javier continúa esperando que identifiquen a su mujer. Comparte la petición de acelerar los trabajos, mientras la ausencia de una confirmación mantiene abierta una incertidumbre que los familiares describen como una parte especialmente dolorosa de la tragedia.

La identificación sigue un protocolo estricto en el que trabajan 60 forenses. La reclamación de las familias se produce mientras ese dispositivo intenta poner nombre a las víctimas: cada confirmación tiene consecuencias jurídicas y emocionales para sus allegados.

En Toledo, la Casa de Ejercicios El Buen Pastor acoge a familiares que aguardan noticias. Sus jardines se han convertido en lugar de espera, con pequeños grupos que comparten conversación, abrazos y mantas entregadas por Cruz Roja.

Las instalaciones cuentan con 105 camas preparadas para alojar a los afectados. Marta Gómez Aguado, directora del centro, coordina la acogida y las comidas calientes que llegan de forma solidaria, con el apoyo de Cáritas.

La espera también transcurre entre llamadas telefónicas y gestiones. Algunos familiares mantienen el contacto con los hijos que han quedado en casa; otros empiezan a consultar seguros y servicios funerarios ante la posibilidad de una confirmación fatal.

El sábado, un equipo de 27 psicólogos presta asistencia en el centro a alrededor de 40 familiares alojados. Los profesionales acompañan a quienes aún no saben qué ha ocurrido con sus seres queridos tras el accidente del miércoles.

Guillermo Fouce, del Comisionado de Salud Mental y Psicología sin Fronteras, describe una sucesión cambiante de emociones. Su labor consiste en escuchar y acompañar, incluso cuando la presencia silenciosa resulta más útil que las palabras.

Cada familia cuenta con un profesional cuando la Guardia Civil comunica la identificación de una víctima mortal. El acompañamiento continúa después, durante el entierro y los trámites que deben afrontar.

Ricardo Álvarez, capellán de la Plataforma Anothen, describe la desazón y la rabia de los allegados. Las familias reciben en una sala la comunicación de que su ser querido ha sido identificado.

El apoyo psicológico alcanza a los equipos de rescate y a los voluntarios. Fouce se ha desplazado a Urda para acompañar a los vecinos que acudieron a la zona del siniestro.

Los especialistas plantean mantener el apoyo a largo plazo. Señalan el regreso de los familiares a casa y el final de la intervención de los equipos de emergencia como momentos que necesitarán acompañamiento.

Para quienes ya reciben la confirmación, la espera en el centro termina y comienza la despedida. Otras familias siguen allí, pendientes de que la Guardia Civil les dé un nombre y una respuesta mientras los forenses continúan las identificaciones.

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