Ana sigue buscando a su madre tras el accidente de Urda: la boda queda en el aire

Ana tenía previsto casarse el sábado. Su madre viajaba a Sevilla para acompañarla, pero el trayecto terminó en el accidente ferroviario de Urda, en Toledo. Este jueves 29 de octubre, más de veinticuatro horas después del choque, su hija seguía sin poder localizarla.
La pasajera iba en el vagón siete del AVE con destino a Sevilla. El miércoles 28, Ana comenzó a pedir ayuda para encontrarla y explicó el motivo de aquel viaje: su madre se desplazaba para asistir a su boda. La celebración quedó atravesada por una búsqueda sin respuestas.
El jueves por la mañana, Ana volvió a hacer un llamamiento. La novedad era dolorosa: había pasado otra noche y seguía sin noticias. Tampoco sabía si la boda podría celebrarse. La incertidumbre sobre su madre había desplazado todos los planes de los días siguientes.
En su relato, Ana explicó que su madre no aparecía en ningún listado de heridos al que habían podido acceder. La familia no tenía una confirmación de su paradero ni una respuesta sobre su estado. Esa falta de información mantenía abierta la búsqueda entre los hospitales.
Unos amigos de Ana se habían sumado a los esfuerzos para localizarla. La búsqueda había alcanzado centros hospitalarios de Castilla-La Mancha y de Madrid, sin que la familia hubiera obtenido hasta esa mañana una información que permitiera dar con ella.
La familia había presentado una denuncia de desaparición ante la Guardia Civil. Ana lo confirmó durante su intervención del jueves, cuando explicó que seguían esperando novedades. La denuncia dejaba constancia de una ausencia que no habían conseguido resolver por su cuenta.
Dos hermanos de la madre de Ana acudieron a la Comandancia de Toledo para aportar muestras de ADN. Su hija relató esa entrega mientras insistía en que no habían recibido respuestas. La familia colaboraba así con las tareas de identificación abiertas después del siniestro.
La búsqueda de su madre formaba parte de un dispositivo mucho más amplio. Hasta las 20.30 del miércoles se habían registrado 64 denuncias de familiares y allegados por personas desaparecidas tras el accidente. La cifra recogía denuncias, no un balance de fallecidos.
Las oficinas habilitadas por la Guardia Civil estaban en Madrid, Toledo, Córdoba y Sevilla. Allí se recogían las denuncias y los datos aportados por las familias. Mientras Ana esperaba noticias, otras personas acudían a esas dependencias para tratar de localizar a sus allegados.
El accidente había ocurrido el miércoles 28 de octubre en Urda y había implicado a un AVE y a un Iryo. Al día siguiente, el balance comunicado por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ascendía a 69 fallecidos, mientras continuaba la atención a los heridos.
El Instituto de Medicina Legal de Toledo había iniciado las primeras autopsias y estaban previstas las tareas de identificación de los cadáveres. Al mismo tiempo, diferentes hospitales de Madrid y Castilla-La Mancha atendían a víctimas trasladadas después del choque ferroviario.
El balance recogido esa mañana situaba en 18 el número de heridos que seguían en estado crítico. Para Ana, esas cifras generales no resolvían la pregunta por su madre: la familia continuaba sin una localización confirmada y sin conocer qué había ocurrido con ella tras el accidente.
La víspera, Ana había explicado que su madre viajaba en el asiento 18B del coche siete y había expresado la esperanza de que estuviera hospitalizada, sin poder comunicarse. Era una posibilidad que ella planteaba durante la búsqueda; no había una confirmación médica que la respaldara.
Al mediodía del jueves, otra relación de pasajeros buscados por sus familiares seguía incluyendo a Ana Avilés Uruñuela, la madre que viajaba a Sevilla para la boda de su hija. Su paradero continuaba sin confirmarse. Para Ana, el sábado permanecía suspendido de una noticia que aún no llegaba.






