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Antonio Manuel Guerrero sale de prisión en su primer permiso tras la condena por La Manada

La puerta de la prisión Sevilla II se abrió este 10 de octubre para Antonio Manuel Guerrero. El ex guardia civil, condenado por delitos vinculados al caso de La Manada, abandonó el centro de Morón de la Frontera para disfrutar de su primer permiso penitenciario.

La salida no supone una puesta en libertad ni altera la condena que continúa cumpliendo. Se trata de un permiso de tres días concedido dentro del régimen penitenciario, una decisión que lo devuelve temporalmente al exterior después de años tras los muros.

Guerrero salió de las instalaciones pasadas las once de la mañana y se marchó en un vehículo particular. No hizo declaraciones durante ese momento, breve y silencioso, que concentró la atención sobre uno de los condenados del caso que sacudió los Sanfermines de 2016.

La pena que cumple alcanza los 23 años de prisión. Incluye la condena por la violación grupal de una joven de 18 años en Pamplona, además de las sanciones impuestas por el robo de su teléfono y por la grabación y difusión de imágenes de la agresión.

El caso comenzó en julio de 2016, durante las fiestas de San Fermín. La denuncia de la víctima abrió una causa que atravesó tribunales, generó una fuerte respuesta social y dejó al descubierto la discusión pública y judicial sobre el consentimiento y la violencia sexual.

La sentencia inicial de la Audiencia Provincial de Navarra impuso nueve años de cárcel a los cinco acusados. El Tribunal Supremo elevó después las condenas por la agresión sexual, al apreciar que los hechos constituían violación y no un delito de abuso sexual.

En el caso de Guerrero, las responsabilidades penales adicionales elevaron la pena por encima de la del resto del grupo. Esa acumulación de condenas explica que su situación penitenciaria tenga un peso propio dentro de una causa marcada por distintos recorridos judiciales.

Su salida se produce desde el centro penitenciario de Sevilla II, situado en Morón de la Frontera. El permiso tiene una duración limitada y, al finalizar los tres días autorizados, el condenado debe regresar al establecimiento para continuar el cumplimiento de su pena.

Los permisos ordinarios forman parte del itinerario penitenciario de quienes reúnen las condiciones exigidas por la normativa. No borran la sentencia ni reducen por sí mismos el castigo pendiente, pero permiten salidas temporales bajo los requisitos fijados para cada interno.

La noticia devuelve al primer plano un caso cuya repercusión no se ha apagado con el paso de los años. Diez años después de aquellos hechos, cada cambio en la situación de los condenados reabre el recuerdo de una agresión que alteró el debate social en España.

La joven denunciante tenía 18 años y se encontraba en Pamplona durante las fiestas. La dimensión pública de la causa no debe diluir el origen de todo lo ocurrido: una violencia sexual denunciada, investigada y juzgada que dejó consecuencias duraderas para la víctima.

Guerrero fue expulsado de la Guardia Civil en 2019. Su condición de exagente también convirtió su caso en uno de los aspectos más observados de la causa, al sumarse a la gravedad de los delitos la ruptura definitiva con el cuerpo al que había pertenecido.

El permiso de octubre es el primer tramo de libertad temporal atribuido a Guerrero en esta etapa de cumplimiento. Su imagen fuera de la cárcel dura apenas unos instantes, pero arrastra el peso de una sentencia extensa y de un episodio que permanece grabado en la memoria colectiva.

Cuando se cumplan los tres días autorizados, la salida quedará atrás y volverá la rutina de la prisión. La condena sigue vigente, el proceso judicial forma parte de la historia reciente y el permiso vuelve a colocar frente a frente el tiempo penitenciario y el daño causado.

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