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Getxo investiga el presunto maltrato a un niño en el comedor escolar

Un comedor escolar de Getxo ha quedado en el centro de una investigación después de que la familia de un niño de diez años denunciara el trato que, presuntamente, recibió durante la hora de la comida. Lo que iba a tramitarse como un posible delito leve ha adquirido una dimensión penal mayor.

Los hechos denunciados se remontan al 28 de septiembre, en un colegio público de la localidad vizcaína. El menor se habría sentado en un lugar que no le correspondía dentro del comedor, un gesto cotidiano que acabó convirtiéndose en el origen de un episodio que ahora debe aclararse judicialmente.

El relato atribuye a la monitora haber agarrado al niño por las axilas y haberlo tirado al suelo. Ya allí, siempre de forma presunta, habría sido zarandeado mientras recibía gritos. La secuencia fue descrita por el alumno y por compañeros que se encontraban en el comedor.

En el momento inicial, el menor sostiene que solo estaba presente la trabajadora denunciada. Otra empleada habría entrado después, cuando el niño ya se encontraba en el suelo. Esa circunstancia forma parte de los elementos que deberán ser examinados en la investigación abierta.

Tras lo ocurrido, el niño comunicó el incidente a la dirección del centro y posteriormente se lo contó a su familia. La familia había recibido primero el aviso de que se había producido un incidente, pero el alcance de lo relatado hizo que reclamara medidas inmediatas para proteger al menor.

Al día siguiente, la dirección habría reconocido a los padres que el episodio era grave y les trasladó que el alumno no tendría contacto con la monitora durante el comedor. Sin embargo, la familia denuncia que la trabajadora siguió presente en ese espacio, lo que incrementó la inquietud del niño.

Los padres sostienen que su hijo se sintió intimidado pese a esa separación anunciada. También denuncian que, ante su insistencia para que la monitora fuera apartada, se les indicó que esa decisión no dependía del colegio. El niño habría sido situado aparte, frente a una pared, durante el servicio.

El resultado ha sido una ruptura abrupta de la rutina escolar: el menor ha dejado de comer en el centro. Para una familia, una medida de protección puede empezar por algo tan simple como evitar un lugar concreto, pero detrás queda la pregunta de cómo se atendió el miedo de un niño dentro de su propia escuela.

La denuncia fue presentada ante la Ertzaintza. En un primer momento, el asunto se encaminaba hacia un juicio rápido por un delito leve de maltrato. La Fiscalía, no obstante, aprecia indicios de una infracción de mayor gravedad y ha solicitado que se practique una investigación más amplia.

El juez ha aceptado esa petición, de modo que el procedimiento puede derivar en un juicio ordinario. La investigación no equivale a una condena y deberá contrastar cada declaración y cada circunstancia, pero la modificación del cauce procesal subraya la relevancia que el Ministerio Fiscal atribuye a los hechos denunciados.

La familia afirma además que ha recibido información sobre posibles episodios de humillación a otra alumna por parte de la misma monitora. Esa referencia no constituye por sí sola un hecho probado ni una denuncia incorporada al procedimiento, pero refuerza su petición de que el caso sea analizado con profundidad.

La presunción de inocencia protege a la trabajadora investigada durante todo el proceso. Al mismo tiempo, la apertura de diligencias exige esclarecer si hubo una actuación que pudo dañar a un menor y si la respuesta posterior del entorno escolar fue suficiente para evitar que el alumno siguiera sintiéndose expuesto.

Los comedores escolares no son un espacio menor dentro de la jornada: forman parte de la vida diaria de muchos niños y de la confianza que las familias depositan en el centro. Cuando una denuncia describe miedo, aislamiento y fuerza física, la obligación de aclarar lo ocurrido se vuelve inevitable.

Ahora será la investigación la que determine qué sucedió aquel mediodía en Getxo y qué responsabilidades pueden derivarse. Mientras tanto, el niño ya no come en el colegio y una denuncia nacida alrededor de una mesa escolar ha dejado una sombra que nadie debería tener que cargar a esa edad.

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