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Buscan a Diego, de 16 años, en el río Tajo tras desaparecer en Toledo

Toledo vive horas de inquietud por la desaparición de Diego L., un adolescente de 16 años al que se perdió la pista el martes 29 de septiembre. Desde entonces, el entorno del río Tajo se ha convertido en el centro de un operativo que trata de reconstruir sus últimos movimientos y localizarlo cuanto antes.

La última referencia sitúa al joven en las proximidades de los puentes de San Martín y de La Cava, una zona de ribera con tramos de difícil acceso. Allí se concentran los rastreos porque fue el lugar donde se le vio por última vez antes de que su paradero quedara completamente desconocido.

La denuncia presentada por la familia activó una investigación de la Policía Nacional. Los agentes trabajan para averiguar qué ocurrió en las horas previas a la desaparición y mantienen abiertas todas las hipótesis, sin confirmar por ahora si Diego estaba solo o acompañado cuando se le perdió la pista.

El despliegue reúne a patrullas de seguridad ciudadana, especialistas del Grupo Especial de Operaciones, bomberos, Policía Local y Protección Civil. La búsqueda no se limita a los caminos cercanos al agua: los equipos revisan puntos de la ribera y áreas que requieren recursos específicos para ser inspeccionadas.

Los drones de la Unidad Aérea permiten observar desde arriba los márgenes y los rincones más complicados del recorrido. A ese trabajo se suman unidades caninas y especialistas que rastrean el entorno a pie, mientras el dispositivo avanza por zonas donde la visibilidad y el acceso pueden ralentizar cualquier batida.

También se han incorporado buzos y equipos de búsqueda en el agua para revisar el cauce del Tajo. La presencia de estos recursos refleja la amplitud del operativo, aunque no establece por sí sola qué pudo ocurrirle al menor ni permite anticipar una conclusión sobre las circunstancias de su desaparición.

Los investigadores han recuperado los objetos personales que Diego llevaba el día en que desapareció. Ese hallazgo se integra ahora en el análisis policial y ha reforzado la atención sobre el área de búsqueda, pero todavía no ha permitido conocer dónde se encuentra el joven ni aclarar la secuencia de los hechos.

Mientras los equipos peinan la zona, se revisan imágenes de cámaras de tráfico y se solicitan grabaciones de los autobuses urbanos. La investigación busca cualquier rastro que ayude a dibujar un trayecto posterior a la última vez que fue visto, una pieza clave para orientar las siguientes horas de búsqueda.

La Policía también ha recabado información de familiares, amistades y compañeros del instituto al que acudía Diego. Esas conversaciones forman parte de la reconstrucción de sus últimas horas, junto con el examen de las pistas materiales y de los espacios próximos al punto donde se le perdió la pista.

La búsqueda se prolongó hasta la caída del sol del jueves y está previsto que continúe con la luz del día. Cada jornada añade presión a un dispositivo que necesita revisar con precisión una zona amplia, marcada por senderos, desniveles y el curso del río a su paso por la capital toledana.

La alerta difundida para localizarlo describe a Diego como un joven de 1,64 metros y complexión delgada. El día de su desaparición vestía ropa negra: chándal, sudadera y mochila. Esos datos se han hecho públicos para facilitar que cualquier persona pueda reconocer una información relevante.

La colaboración ciudadana es una de las vías abiertas para aportar indicios a la investigación. Las autoridades piden que cualquier dato sobre el adolescente o sobre sus movimientos desde el martes llegue a los canales oficiales, evitando difundir rumores que puedan entorpecer las labores de quienes participan en el operativo.

Por el momento no existe una explicación confirmada para la desaparición. La prudencia es esencial ante un caso en el que la investigación sigue en marcha y en el que cada pista debe ser comprobada antes de transformarse en una conclusión. La prioridad sigue siendo encontrar a Diego y devolver respuestas a su familia.

El Tajo, los puentes y las orillas de Toledo concentran ahora una búsqueda contrarreloj. Detrás del ruido de los drones, las patrullas y los equipos de emergencia permanece una ausencia: la de un chico de 16 años al que sus allegados llevan días esperando, mientras el operativo continúa sin descanso.

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