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Diego Simeone y el imperio de más de 180 viviendas en Madrid

Diego Simeone ha levantado en Madrid un patrimonio inmobiliario que desborda con mucho la imagen del entrenador que vive pendiente del próximo partido. La cartera vinculada a su familia supera las 180 viviendas, incluye residencias para estudiantes y se mueve en una ciudad donde encontrar alquiler se ha convertido en una carrera de resistencia.

La cifra no describe una inversión aislada ni un puñado de pisos adquiridos como refugio de ahorro. Dibuja una estructura empresarial sostenida durante años, con inmuebles repartidos en el mercado madrileño y una escala que coloca al técnico del Atlético de Madrid entre los propietarios más visibles del debate sobre la vivienda.

La gestión de ese patrimonio se articula a través de Carpersim, la sociedad que comparte con Carla Pereyra. Ella figura como administradora única y ocupa un papel central en la evolución del negocio, mientras el nombre del entrenador aporta una notoriedad imposible de separar del volumen que ha alcanzado la compañía.

Los últimos datos empresariales disponibles sitúan los activos de la sociedad cerca de los 40 millones de euros. Esa cifra corresponde al valor contable de la estructura y no equivale de forma automática a la fortuna personal de Simeone, pero permite medir la dimensión de un negocio construido lejos de los estadios.

El proyecto comenzó con una fórmula reconocible: comprar viviendas, reformarlas y destinarlas al alquiler. Con el tiempo, la estrategia se amplió hacia edificios completos, alojamientos para estudiantes y promociones propias, un salto que transforma la inversión doméstica en una maquinaria con capacidad para intervenir en distintos segmentos del mercado.

Entre los desarrollos vinculados al grupo figura una operación en Tres Cantos, donde se levantan dos edificios con 140 apartamentos en una parcela de casi una hectárea. El suelo fue adquirido a través de otra sociedad y la inversión asociada al proyecto supera los 4,8 millones de euros, lo que confirma la ambición de la expansión.

La cartera no se limita a una acumulación silenciosa de llaves. El grupo cuenta con una plataforma propia para comercializar y gestionar inmuebles, de manera que el alquiler, la captación de clientes y parte del control cotidiano quedan dentro de la misma estructura familiar, sin depender por completo de intermediarios externos.

Las cuentas del ejercicio 2024 reflejaron 330.782 euros de ingresos por arrendamientos y un resultado negativo de 472.172 euros. Esos números conviven con una fase intensa de inversión y consolidación de activos, donde los balances anuales pueden registrar pérdidas mientras el patrimonio inmobiliario continúa creciendo y ganando peso.

El dato de las más de 180 viviendas adquiere otra dimensión en el contexto madrileño. La capital atraviesa una presión sostenida sobre los precios del alquiler y la compra, con barrios donde la distancia entre los ingresos de muchos hogares y el coste de acceder a una casa parece ensancharse cada temporada.

Tener una cartera de este tamaño no implica por sí mismo irregularidad alguna. El negocio opera dentro de las reglas del mercado, pero precisamente ahí nace la discusión: la legalidad de acumular vivienda no elimina el choque entre grandes patrimonios privados y quienes buscan un hogar en una ciudad cada vez más inaccesible.

La Ley de Vivienda fija en diez inmuebles el umbral habitual para considerar a un propietario gran tenedor. La dimensión atribuida al grupo de Simeone multiplica esa referencia, aunque parte de los activos se orienten a estudiantes, coliving o promociones en desarrollo y no respondan al mismo modelo de alquiler residencial tradicional.

Carla Pereyra ha explicado en distintas ocasiones que su experiencia familiar y profesional en el sector fue decisiva para orientar el negocio. Esa especialización ayuda a entender por qué el proyecto no quedó como una inversión secundaria ligada al salario deportivo, sino que evolucionó hacia una actividad con identidad y operaciones propias.

Mientras el patrimonio crece en España, Simeone ha mantenido que su futuro personal pasa por regresar a Argentina cuando deje los banquillos. La imagen deja un contraste llamativo: una vida deportiva consolidada en Madrid, un negocio inmobiliario de gran escala en la capital y un horizonte íntimo situado al otro lado del Atlántico.

El caso concentra en un solo nombre dos realidades que hoy chocan en Madrid: la capacidad de convertir el ladrillo en un activo de enorme valor y la dificultad cotidiana de miles de personas para acceder a una vivienda. Más que una anécdota de celebridad, el patrimonio de Simeone retrata una tensión que sigue abierta.

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