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El naufragio de Yibuti eleva a 139 los muertos: 84 personas siguen desaparecidas

El mar ha devuelto otros 30 cuerpos frente a la costa de Yibuti y el balance del naufragio ha subido a 139 migrantes fallecidos. La tragedia, ocurrida durante la noche del 8 al 9 de octubre, mantiene además a 84 personas desaparecidas en una zona donde la búsqueda sigue abierta.

La embarcación cubría la ruta entre Yibuti y Yemen cuando volcó cerca de Guhere, al norte de Obock. A bordo viajaban 305 personas, en su mayoría etíopes, atrapadas en uno de los pasos marítimos más peligrosos entre el Cuerno de África y la península arábiga.

El primer recuento situó en 109 el número de muertos y en 116 el de desaparecidos. La recuperación posterior de otros 30 cadáveres modificó ambas cifras y dejó al descubierto la dimensión real de un hundimiento que todavía no ha cerrado su lista de víctimas.

Entre los cuerpos identificados en el balance inicial había 52 hombres, 42 mujeres y 15 menores de edad, nueve niñas y seis niños. El dato coloca a familias enteras dentro de una travesía marcada por la precariedad, la clandestinidad y una promesa de futuro que acabó en el agua.

Al menos 82 personas lograron sobrevivir al vuelco. Las personas rescatadas, todas de nacionalidad etíope, han necesitado atención sanitaria, refugio temporal, alimentos, apoyo psicosocial y ayuda para volver a contactar con sus familiares tras horas de incertidumbre.

Los testimonios recogidos entre los supervivientes sitúan el accidente en los primeros momentos de la travesía. La embarcación habría empezado a inclinarse hacia atrás cuando las personas subían a bordo, una señal de inestabilidad que dejó a cientos de pasajeros expuestos al mar durante la noche.

Las autoridades yibutianas mantienen activas las tareas de búsqueda y rescate en la zona de Guhere. También se han hecho cargo de la atención médica a quienes sobrevivieron y de los entierros de las víctimas recuperadas, mientras persiste la angustia por quienes no han sido localizados.

La ruta que une Yibuti con Yemen atraviesa el estrecho de Bab el Mandeb, una franja de mar que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo. Para miles de migrantes procedentes del Cuerno de África es el primer tramo de un viaje hacia los países del golfo Pérsico.

Muchas de las personas que emprenden ese recorrido buscan empleo y una salida a la pobreza, la inseguridad o los efectos de la crisis climática. El riesgo no termina en el agua: al otro lado esperan un territorio castigado por la guerra y redes de explotación que agravan su vulnerabilidad.

Durante 2025, más de 900 migrantes murieron o desaparecieron en esta ruta oriental. La cifra convierte cada nuevo naufragio en algo más que un accidente aislado: revela una secuencia de travesías peligrosas que continúa pese a los avisos, las pérdidas y la inestabilidad regional.

Desde el 10 de septiembre se habían registrado más de 20.000 llegadas desde Etiopía a Yibuti. El volumen de movimientos ayuda a entender por qué esta costa se ha convertido en un punto de salida tan expuesto, donde una embarcación precaria puede concentrar en minutos cientos de vidas.

La actualización del balance no resuelve la incertidumbre de las familias de las 84 personas desaparecidas. Mientras no concluyan las operaciones de búsqueda, cada número seguirá siendo provisional y cada hallazgo puede volver a alterar una tragedia que ya figura entre las más graves de los últimos años.

El naufragio ocurrió en un corredor atravesado por conflictos y tensiones políticas, pero sus víctimas no son una estadística abstracta. Detrás de los cuerpos recuperados y de quienes siguen sin aparecer hay trayectorias personales que quedaron suspendidas entre dos orillas durante una huida hacia un futuro incierto.

Con 139 fallecidos confirmados, la catástrofe de Yibuti deja una cicatriz difícil de medir en las comunidades de origen y en quienes aguardan noticias. La búsqueda continúa sobre el mar, mientras el balance de muertos expone otra vez el precio extremo que puede tener una ruta migratoria sin seguridad.

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