Desalojo en el Guano: Ceuta vacía su último gran asentamiento migrante

El amanecer del 11 de octubre encontró a la explanada del Guano rodeada por vehículos policiales y unidades desplegadas en la bahía norte de Ceuta. Aquel espacio, levantado junto a la antigua fábrica, era el último gran asentamiento que seguía en pie tras las operaciones de semanas anteriores.
La intervención comenzó poco antes de las ocho de la mañana. Agentes de la Policía Nacional, con apoyo de unidades militares, cerraron el perímetro y avanzaron sobre las tiendas y refugios improvisados donde todavía permanecían personas migrantes llegadas a la ciudad durante la entrada masiva de finales de julio.
El dispositivo no encontró la concentración que se había calculado días atrás. Muchas personas habían abandonado el lugar durante la madrugada o en jornadas previas, conscientes de que el desalojo era inminente. Algunas buscaron refugio en los montes y otras se desplazaron a distintos puntos de la ciudad.
En el interior del asentamiento quedaban alrededor de 150 personas cuando arrancó la operación. La cifra refleja el vaciamiento progresivo del Guano, que había recibido a quienes fueron desplazados desde las playas de Benítez y del Trampolín mientras la crisis seguía extendiéndose por el entorno urbano.
Los agentes separaron a los menores de los adultos antes de organizar los traslados. Los primeros fueron dirigidos a dependencias policiales para su identificación y posterior puesta a disposición de los recursos de acogida de la ciudad, un paso especialmente sensible por la presencia de numerosos adolescentes en la explanada.
Los adultos fueron conducidos en autobuses hacia el Centro de Atención Temporal para Extranjeros y el entorno de la frontera. Allí debían afrontar los procedimientos de filiación, la solicitud de protección internacional o la posibilidad de retorno voluntario a Marruecos, opciones que marcan destinos muy distintos tras una mañana de desalojo.
La operación se desarrolló sin incidentes graves y quedó resuelta en menos de una hora. Tras el traslado de quienes seguían allí, el terreno pasó a una fase de retirada de tiendas, residuos y restos acumulados durante semanas, cerrando una imagen que se había convertido en símbolo de la presión migratoria sobre Ceuta.
El Guano había funcionado como el último punto de concentración visible en la bahía norte. Antes de esa mañana, otros asentamientos de Benítez y el Trampolín ya habían sido desmantelados, con salidas hacia recursos de acogida, identificaciones policiales y retornos a través de la frontera del Tarajal.
El cierre de la explanada no equivale a la desaparición de las personas migrantes que permanecen en Ceuta. Parte de quienes evitaron los traslados continúa repartida por barrios como El Príncipe, Los Rosales, Juan Carlos I, Sidi Embarek, el Recinto o Villajovita, además de zonas de monte y otros espacios precarios.
Esa dispersión deja una escena menos visible, pero no necesariamente menos tensa. Sin un gran campamento expuesto al mar, la situación se fragmenta entre calles, alojamientos improvisados y recorridos hacia la frontera, mientras las autoridades intentan localizar a quienes no han pasado por los dispositivos de atención e identificación.
El desalojo se produjo dos días antes de la visita prevista de los reyes Felipe VI y Letizia a la ciudad autónoma. La cercanía de esa agenda oficial aumentó el foco sobre el operativo, aunque la secuencia de desalojos ya estaba en marcha desde finales de septiembre y respondía a una crisis acumulada durante más de dos meses.
La mañana terminó con bolsas, enseres y refugios abandonados en un terreno que había sostenido una vida improvisada. Allí se concentraban personas que aguardaban un traslado, temían ser identificadas o intentaban ganar tiempo antes de decidir entre permanecer en Ceuta, pedir asilo o regresar a Marruecos.
Para los menores localizados, el desalojo abre un itinerario distinto al de los adultos y obliga a activar recursos específicos de protección. Para el resto, la filiación y la disponibilidad de plazas condicionan los siguientes pasos, en un territorio donde cada traslado puede acabar en acogida, retorno o una nueva noche sin refugio estable.
El Guano queda vacío, pero el episodio no cierra la crisis que lo levantó. La retirada del último gran asentamiento de la bahía norte cambia el mapa de Ceuta y desplaza el problema hacia lugares menos visibles, donde la vulnerabilidad, el miedo y la incertidumbre siguen marcando el pulso de la ciudad.






