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El Sindicato de Inquilinas mantiene su plan de huelga general por la vivienda para noviembre

La protesta por la vivienda ha fijado un nuevo horizonte. El Sindicato de Inquilinas de Madrid trabaja en la convocatoria de una huelga general durante noviembre, una movilización que pretende trasladar la presión de las plazas al conjunto de los sectores sociales.

La fecha exacta todavía no está decidida. La organización asegura que continúa en conversaciones con centrales sindicales y con otros colectivos para cerrar una jornada de paro cuyo calendario deberá anunciarse en los próximos días.

El anuncio llega tras el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre. Lejos de congelar sus planes, el sindicato sostiene que la campaña electoral no marcará el ritmo de una movilización que quiere mantener la vivienda en el centro del debate.

Alicia del Río, portavoz de la organización, defendió que la lucha no esperará a ningún calendario electoral. El mensaje sitúa la huelga como una respuesta política y social que, a juicio del movimiento, debe continuar con independencia de quién gobierne después de los comicios.

La acampada de la Puerta del Sol permanece como el escenario desde el que se articula esta estrategia. No hay una fecha anunciada para su final y la decisión sobre su continuidad queda en manos de la asamblea general que organiza la protesta.

La concentración afronta ya varios días de actividad tras las movilizaciones por el derecho a la vivienda. El sindicato presenta ese espacio como un punto de encuentro para organizar reuniones de barrio, coordinar acciones y sostener la presión pública sobre el problema del alquiler.

Entre las reclamaciones que acompañan la convocatoria figuran los contratos de alquiler indefinidos, una rebaja drástica de los precios y la expropiación de viviendas en manos de fondos de inversión. Son demandas que la organización vincula a una crisis habitacional que considera estructural.

El movimiento también busca sumar a colectivos movilizados por la sanidad, la educación, las pensiones y los salarios. La idea es que la futura jornada no quede limitada a las personas inquilinas, sino que reúna reivindicaciones sociales que comparten un malestar acumulado.

La convocatoria aún no equivale a una huelga con fecha y condiciones cerradas. El trabajo con organizaciones sindicales sigue abierto, por lo que quedan por concretar el día del paro, sus apoyos definitivos y la forma en que cada sector podrá participar.

La movilización se produce en un contexto de tensión política tras la caída de medidas de vivienda en el Congreso. El nuevo escenario electoral ha reforzado el discurso del sindicato, que reclama compromisos concretos y rechaza que la cuestión habitacional quede aplazada.

La acampada de Sol ha defendido que su continuidad no responde a una cita institucional, sino a una agenda propia. Con esa posición, la organización intenta evitar que el anuncio electoral absorba una protesta que pretende conservar autonomía y capacidad de presión en la calle.

La huelga anunciada para noviembre se presenta, por ahora, como una construcción en marcha y no como una convocatoria cerrada. Esa diferencia es clave: el sindicato ha confirmado el mes, pero mantiene pendientes los acuerdos y los detalles necesarios para ejecutarla.

La protesta vuelve a colocar el alquiler y el acceso a la vivienda en el corazón de la discusión pública. El desafío para sus impulsores será convertir la energía de las acampadas y manifestaciones recientes en una movilización coordinada con alcance suficiente para parar sectores enteros.

Noviembre aparece así como una fecha de presión, no como una garantía automática de éxito. La convocatoria dependerá de las negociaciones abiertas y de la respuesta de otros sindicatos, mientras la acampada mantiene encendida en Sol una protesta que no ha dado por terminada su batalla.

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