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Juan Manuel Parra: el médico que sobrevivió al accidente de Urda y atendió a los heridos

Juan Manuel Parra viajaba como pasajero en el AVE siniestrado en Urda, Toledo, el miércoles 28 de octubre. Sobrevivió al descarrilamiento y, tras conseguir salir del vagón, comenzó a atender a otros afectados. El médico también había recibido un golpe durante el accidente.

El facultativo trabaja en Urgencias del Hospital Universitario Fundación Alcorcón y acumula 23 años de experiencia profesional. Aquel día, la emergencia lo alcanzó dentro del propio tren: tuvo que reaccionar después de sufrir el impacto, rodeado de otros viajeros.

Parra iba en uno de los coches de cola del convoy de Renfe. Al principio interpretó el movimiento como un frenazo, pero el vagón estaba descarrilando. En su relato, la primera percepción del peligro llegó antes de que pudiera comprender la magnitud de lo sucedido.

Los asientos salieron despedidos y varios pasajeros recibieron golpes. El propio médico impactó contra el asiento que tenía delante. Ese fue su punto de partida para prestar ayuda: acababa de sufrir las consecuencias del mismo accidente que había herido a quienes lo rodeaban.

Cuando consiguió reaccionar, rompió una ventana de emergencia para facilitar la salida de los viajeros. La primera intervención que describe no fue una atención médica, sino abrir una vía para abandonar el coche accidentado.

Ya fuera del vagón, se dirigió hacia la parte delantera del tren para comprobar qué había ocurrido. Allí encontró a las víctimas que empezó a atender. Había pasado de intentar salir del convoy a trabajar junto a las vías, en el escenario del siniestro.

Parra comenzó a clasificar a los afectados según la gravedad de sus lesiones. Organizó un triaje improvisado para decidir quién necesitaba atención prioritaria, aplicando en el lugar del accidente los conocimientos adquiridos durante más de dos décadas en Urgencias.

Entre las actuaciones que relata figuran la atención a heridos graves y la colocación de un torniquete de emergencia a uno de los afectados. Su testimonio recoge intervenciones concretas realizadas después de escapar del tren en el que viajaba.

También indicó quién podía desplazarse y quién requería prioridad sanitaria. Más tarde siguió ayudando a atender y evacuar heridos junto a la Guardia Civil, los sanitarios y los bomberos que acudieron al lugar.

La experiencia profesional no evitó el impacto de aquella escena. «Uno no está preparado para una escena de guerra así», declaró Parra. La comparación expresa cómo vivió el médico una emergencia en la que era, al mismo tiempo, superviviente y sanitario.

El nombre de Juan Manuel Parra ya había quedado ligado a otra crisis sanitaria en España. El 6 de octubre de 2014 atendió a Teresa Romero, la sanitaria contagiada de ébola, en un episodio que volvió a situar su trabajo de Urgencias bajo atención pública.

Después de aquella atención, Parra denunció deficiencias en los equipos de protección utilizados. También ingresó voluntariamente en aislamiento en el Hospital Carlos III para permanecer bajo vigilancia ante la posibilidad de haberse contagiado.

Después de la asistencia, Parra describió la dificultad de dejar atrás las imágenes y las dudas sobre si habría podido hacer algo más. Explicó que intentaba descansar y recuperar la normalidad, con la preocupación puesta en los fallecidos, los heridos y sus familias.

Tras ayudar durante horas, Parra seguía intentando asimilar lo vivido. También pidió prudencia al hablar de la tragedia y respeto al dolor de víctimas y familiares: una petición de quien había salido del vagón y había escuchado los gritos de auxilio de personas atrapadas.

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