Madrid: los docentes llevan la huelga a las calles en una bicicletada por la educación pública

Madrid amaneció este martes con una protesta distinta, pero no menos visible. Decenas de docentes salieron a las calles en bicicleta, con camisetas y pañuelos verdes, para trasladar la huelga indefinida de la enseñanza pública a un recorrido que atravesó el centro de la capital.
La marcha partió poco después de las 11:40 horas desde la Plaza del Dos de Mayo. Profesores a bordo de bicicletas propias y de vehículos de BiciMAD avanzaron entre silbatos y cánticos en defensa de una educación pública de calidad, en la quinta jornada consecutiva de movilizaciones.
La acción fue impulsada por la plataforma Menos Lectivas y se planteó como una ruta por distintos centros de la Comunidad de Madrid. El objetivo era sacar el conflicto de las aulas y mostrar que el malestar docente continúa activo pese al paso de los días.
La protesta se desarrolló de forma pacífica y sus participantes rechazaron que se la presente como un gesto violento. Una profesora de Arte explicó que la movilización nace del cansancio acumulado y de la convicción de que las reivindicaciones afectan directamente al alumnado.
El trasfondo inmediato incluye la tensión vivida el lunes, cuando se registró una intervención policial durante otra protesta docente. Ese episodio elevó la preocupación dentro del colectivo y dejó una nueva herida en una huelga que ya venía marcada por el choque con el Gobierno regional.
Los docentes reclaman que la Consejería de Educación abra una negociación real. Entre sus demandas figura reducir la carga lectiva a 17 horas semanales en Secundaria, Formación Profesional y Régimen Especial, y a 22 horas en Infantil y Primaria.
La bajada de ratios ocupa otro lugar central en el conflicto. El profesorado sostiene que las aulas demasiado llenas impiden una atención individualizada, complican la inclusión y convierten cada jornada en una carrera contra el tiempo para atender necesidades muy distintas.
Una docente de Filosofía describió tener cuatro grupos de primero de Bachillerato con 35 alumnos cada uno. La cifra condensa una queja repetida durante la huelga: con ese volumen de estudiantes, defender una enseñanza cercana y de calidad se vuelve una tarea casi imposible.
Las peticiones también incluyen más apoyo para la atención a la diversidad, una mejora salarial de 600 euros mensuales, menos burocracia y centros en mejores condiciones. La climatización y el estado de las instalaciones aparecen como parte de un problema que el colectivo considera estructural.
La huelga reúne a organizaciones sindicales y plataformas docentes con perfiles distintos, pero un diagnóstico común sobre el deterioro de la enseñanza pública madrileña. CCOO, UGT, CGT, STEM, CNT y Solidaridad Obrera participan junto a colectivos especializados en varias etapas educativas.
Mientras la Administración regional cifró el seguimiento de la quinta jornada en el 10,4 %, el comité de huelga mantuvo su crítica a la falta de diálogo. La distancia entre las cifras y los relatos confirma que la disputa no se limita a los números, sino a la lectura del estado de los centros.
La bicicletada no fue un acto aislado. Formó parte de una estrategia de movilizaciones que combina concentraciones, rutas por barrios y llamadas a la comunidad educativa para sostener la presión sin abandonar el mensaje de fondo: las condiciones laborales repercuten en la educación que recibe el alumnado.
Durante el recorrido, las bicicletas hicieron visible una protesta que busca evitar el desgaste silencioso de las aulas. El color verde, los silbatos y la marcha lenta convirtieron la ciudad en un escenario de aviso: la enseñanza pública atraviesa un conflicto que no parece cercano a cerrarse.
Al caer la tarde, la jornada tenía prevista una nueva manifestación entre la Delegación del Gobierno y la Consejería de Educación. La huelga sigue abierta y el profesorado insiste en que no quiere prolongarla, pero reclama cambios concretos para que dejar de parar sea una posibilidad real.






