Madrid despide a Maricarmen: 20.000 personas marchan de Sol hasta la casa de la que fue desahuciada

La noche cayó sobre Madrid con una herida abierta. Miles de personas salieron de la Puerta del Sol y caminaron hacia Retiro para despedir a Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuya expulsión de su casa había encendido una movilización por el derecho a la vivienda.
La marcha arrancó alrededor de las ocho de la tarde desde la acampada instalada en Sol. Una corona de flores y la imagen de Maricarmen encabezaron el recorrido, mientras la ciudad seguía su ritmo alrededor de una despedida que avanzaba lenta, compacta y cargada de silencio.
La Delegación del Gobierno cifró la asistencia en unas 20.000 personas. A lo largo del trayecto hubo velas, fotografías, carteles escritos a mano y rostros que apenas necesitaban palabras para expresar la mezcla de tristeza, rabia y cansancio acumulada durante las últimas semanas.
Maricarmen había vivido 71 años en el piso de la calle Alcalde Sáinz de Baranda. El 23 de septiembre fue desalojada tras un largo conflicto por el alquiler y permaneció ingresada en el Hospital Gregorio Marañón hasta su fallecimiento, ocurrido el miércoles 7 de octubre.
La protesta atravesó la calle Alcalá, pasó junto a Cibeles y continuó hacia la Puerta de Alcalá. Durante buena parte del recorrido predominó un silencio inusual en una manifestación tan multitudinaria, roto a intervalos por consignas contra los desahucios y el encarecimiento de la vivienda.
Algunos asistentes llevaban velas protegidas del viento; otros cargaban retratos de la vecina madrileña. En la cabecera avanzaban integrantes del Sindicato de Inquilinas con chalecos naranjas, la organización que acompañó el caso y convocó la marcha tras conocerse su muerte.
La llegada al portal convirtió la calle en un lugar de duelo. Vecinos, familias y personas llegadas de otros puntos de la ciudad aguardaban frente al número 46, donde ya había aparecido un altar improvisado con flores, mensajes, fotografías y decenas de velas encendidas.
La comitiva depositó la corona junto al altar y dejó paso a quienes querían acercarse. Las ofrendas se acumularon en el suelo y en los árboles cercanos, mientras muchas personas permanecían quietas con las luces de sus teléfonos levantadas frente a la fachada que Maricarmen no llegó a recuperar.
El homenaje terminó con un minuto de silencio y una sentada en plena calle. Después, un aplauso largo recorrió el barrio. La escena tuvo la fuerza de una despedida íntima pese a la multitud: una anciana ausente, una puerta cerrada y miles de personas negándose a convertir su historia en una cifra.
El caso había concentrado la atención pública desde el desalojo de septiembre. Tras negociaciones posteriores se planteó su regreso al piso mediante un nuevo contrato, pero la firma estaba prevista para el jueves, cuando Maricarmen ya había muerto tras dos semanas de hospitalización.
Su fallecimiento desencadenó concentraciones y homenajes en varias ciudades. En Madrid, la marcha fue el gesto más visible de ese duelo colectivo y conectó la muerte de una vecina concreta con una preocupación compartida por quienes ven imposible sostener un alquiler o conservar su hogar.
Entre las pancartas aparecieron mensajes de agradecimiento y promesas de continuidad. La memoria de Maricarmen quedó ligada a una demanda que desbordó su portal: que la vivienda deje de ser una amenaza diaria para personas mayores, familias vulnerables y trabajadores expulsados de sus barrios.
La marcha no resolvió el conflicto que la precedió, pero dejó una imagen contundente de su alcance. Desde Sol hasta Sáinz de Baranda, el recorrido unió el lugar donde creció la acampada con el edificio del que Maricarmen salió en camilla apenas quince días antes.
Cuando las velas siguieron ardiendo ante el portal, la despedida ya había adquirido otro significado. Madrid no solo homenajeó a Maricarmen Abascal; mostró que su historia seguirá presente en una movilización nacida de la pérdida, del miedo a perder la casa y de la exigencia de dignidad.






