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Oliva: una nieta aguarda el rescate de sus abuelos inmovilizados por la dana Adam

La espera se ha quedado encerrada en una habitación de Oliva. Una nieta pide auxilio para sus dos abuelos, mayores y con movilidad reducida, aislados por el agua encima de una cama y sin capacidad para salir solos de la vivienda.

La dana Adam golpeó con fuerza la comarca de la Safor durante la madrugada del 19 de octubre. En Oliva, las lluvias torrenciales anegaron calles, caminos y accesos a la playa, dejando a vecinos incomunicados en casas y apartamentos.

El caso de los abuelos resume la urgencia que atravesó el municipio. No se trata de una evacuación preventiva: la familia describe a dos personas incapaces de desplazarse, atrapadas en un lugar donde el agua cortó cualquier salida segura.

Durante horas, helicópteros, embarcaciones y equipos terrestres recorrieron las zonas más dañadas. La prioridad fueron las viviendas de una sola planta y los puntos donde las personas atrapadas no podían refugiarse en pisos superiores.

La imagen de una cama convertida en último refugio revela hasta qué punto el temporal alteró la vida cotidiana. Para quienes no pueden caminar o necesitan ayuda física, una inundación no deja margen para improvisar una huida a pie.

Oliva concentró parte de la respuesta de emergencia tras registrar acumulaciones muy elevadas de lluvia. El agua llegó a alcanzar alrededor de un metro y medio en algunas viviendas, mientras las comunicaciones por carretera hacia la costa quedaban interrumpidas.

En las áreas inundadas, los rescates se sucedieron desde el aire y por el agua. Varias personas fueron sacadas cargadas a la espalda, en sillas, sobre tablas o con embarcaciones, recursos improvisados ante la imposibilidad de entrar con vehículos normales.

La situación obligó a movilizar recursos de distintas administraciones en la Safor y la Marina Alta. Helicópteros de rescate y unidades de emergencia buscaron a vecinos aislados mientras se trataba de despejar accesos y atender llamadas acumuladas durante la noche.

El pabellón polivalente de Oliva se convirtió en uno de los destinos para quienes lograban salir de las zonas anegadas. Allí se habilitó atención para la población rescatada y cientos de personas pasaron por el recinto a lo largo de la jornada.

La angustia de la nieta ocurre en un municipio donde muchas familias perdieron el contacto con sus parientes durante las horas más críticas. Sin luz, sin batería o con los accesos bloqueados, confirmar que alguien seguía a salvo se volvió una tarea desesperante.

Las inundaciones no distinguieron entre el casco urbano, la playa, las viviendas rurales o los campings próximos a los barrancos. El dispositivo tuvo que repartir esfuerzos en un territorio fragmentado, con corrientes, barro y carreteras cubiertas por el agua.

La emergencia dejó además víctimas mortales en Oliva y obligó a mantener restricciones de movilidad para facilitar las operaciones. El despliegue permitió realizar centenares de rescates en las comarcas afectadas antes de que la situación comenzara a estabilizarse.

A medida que bajó la intensidad de la tormenta, el peligro no desapareció de inmediato. Persistieron calles inundadas, viviendas sin servicios básicos y familias pendientes de volver a entrar, recuperar pertenencias o localizar a quienes seguían esperando ayuda.

Para la familia de los dos abuelos, la noticia no termina con el paso de la lluvia. El rescate pendiente mantiene el foco en una vulnerabilidad concreta: cuando el agua invade una casa, cada minuto pesa más si quienes están dentro no pueden moverse por sí mismos.

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