Paco y Elisabeth, dos años desaparecidos tras la DANA: el duelo sin despedida de sus familias

En casa de Saray, una vela recuerda a su padre en el segundo aniversario de la DANA. Este 29 de octubre de 2026, Francisco Ruiz, conocido como Paco, y Elisabeth Gil siguen sin aparecer. Sus familias cumplen dos años sin poder recuperar sus cuerpos ni darles sepultura.
La riada del 29 de octubre de 2024 arrasó localidades de Valencia y dejó a estas dos familias pendientes de una búsqueda que todavía continúa. Para ellas, el aniversario vuelve a señalar una ausencia concreta: no tienen una tumba donde llevar flores a sus seres queridos.
Paco tenía 64 años cuando salió de su chalet de Montserrat con sus dos nietos para llevarlos a casa de Saray. Su hija había intentado contactar con ellos para evitar que cogieran el coche ante las fuertes precipitaciones. El trayecto quedó interrumpido por la avenida de agua.
Una ola empotró el vehículo contra una palmera. Con el agua subiendo, Paco consiguió sacar a los dos niños y colocarlos sobre el techo del coche. Aquel gesto los puso a salvo, pero él fue arrastrado por la corriente. Desde esa tarde, su familia espera que la búsqueda permita encontrarlo.
Elisabeth tenía 38 años y viajaba con su madre, Elvira, desde Cheste hacia el hotel donde ambas trabajaban. El desbordamiento del barranco del Poyo arrastró el coche con las dos mujeres dentro. El cuerpo de su madre fue recuperado; el de Elisabeth sigue sin localizarse.
La desaparición dejó a los dos hijos de Elisabeth sin su madre y sin su abuela. Ernesto, tío de Elisabeth y hermano de Elvira, permanece junto a ellos. Al llegar este segundo aniversario, el mayor tiene 19 años y sigue afrontando la pérdida de aquellas dos figuras centrales en su vida.
En febrero de 2025 apareció el Ford Focus en el que viajaban Elisabeth y Elvira. Estaba destrozado y no había rastro de Elisabeth. En mayo de aquel año fue declarada fallecida oficialmente, una confirmación que tampoco permitió a sus familiares recuperar su cuerpo.
Ernesto describe una familia que vive el duelo a ritmos distintos: pudieron enterrar a Elvira, mientras la ausencia de Elisabeth sigue sin ese último adiós. Para el hijo mayor, le propuso llevar flores a una escultura de Cheste realizada con el pilar de un puente arrasado por el agua.
Saray también busca una forma de recordar a Paco sin un lugar de enterramiento. La vela que enciende en casa acompaña ese recuerdo, pero ella explica que la falta del cuerpo le impide vivir la despedida que otras familias pueden hacer al acudir al cementerio.
El desgaste ha llegado también a su salud. Saray relata que, después de dos años, ha tenido que pedir la baja por primera vez. Habla de tics nerviosos, temblores y crisis de ansiedad, y cuenta que su médico le recomendó parar después de que los episodios se hicieran más intensos.
La Guardia Civil mantiene las labores para localizar a los dos desaparecidos. Los trabajos se concentran en las proximidades del barranco del Poyo y del río Magro, en zonas donde se les vio o se sabe que estuvieron. Las jornadas dependen de la disponibilidad de efectivos y no tienen un calendario fijo.
Ernesto mantiene contacto con los agentes y recibe información sobre los hallazgos que se analizan. Ha explicado que también le comunican cuándo unos restos corresponden a animales. Cada comprobación forma parte de una búsqueda que continúa sin dar con Elisabeth.
El tío de Elisabeth conserva la promesa que recibió de un general de la UME durante el primer aniversario: seguirían hasta encontrarlos. Saray, en cambio, reconoce que su esperanza disminuye al ver pasar los meses y contemplar la extensión del terreno que queda por revisar.
Las dos familias piden que la búsqueda se mantenga. Al cumplirse dos años de la riada, Saray sigue esperando recuperar a Paco y Ernesto confía en poder despedir a Elisabeth. El aniversario llega con sus nombres presentes y con la misma petición pendiente: encontrar sus cuerpos.






